menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La izquierda que desaparece

26 0
05.03.2026

Tanto las encuestas como los resultados electorales en Extremadura, Aragón y los de las próximas de Castilla y León muestran una auténtica disolución de todos los grupos políticos que dentro del Gobierno o fuera de él navegan a la izquierda del PSOE.

En los últimos días, Yolanda Díaz ha renunciado a ser candidata en las siguientes elecciones generales. A este propósito, el veterano Gaspar Llamazares ha dicho que toda esta deriva es "un exponente de que esa política gaseosa en la que ya no valen ni los resultados. Todo el mundo en la izquierda ha valorado su gestión en el Ministerio de Trabajo, pero eso, que debería ser un aval, no lo es porque se considera al dirigente político material fungible y según eso, si se quiere abrir una nueva etapa, hay que separarse de la anterior en términos políticos y personales, lo que es un gran error".

Respecto a la disolución de Podemos, Llamazares opina lo que sigue:

"Podemos supo capitalizar un momento de indignación, pero no convertir esa rentabilidad en transformaciones a medio plazo. Sumar ha quedado como un proyecto gubernamental desvinculado de los partidos y del movimiento social. Hay que reconciliar ambas cosas. Si el planteamiento vuelve a ser que hay una izquierda valiente y otra cobarde, no tenemos solución".

Tengo para mí que esa deriva autodestructiva de la izquierda, incluido el sanchismo, se debe más a la falta de realismo de unas ideas más viejas que la tos y al feminismo woke que ha invadido ese espacio. Wokismo que la juventud masculina detesta y le hace mirar con afecto a Vox que es, por cierto, un partido -uno más- más propiedad de una sola persona (y sus aduladores). E igual que le ocurre al PSOE, que es propiedad de Pedro Sánchez.

Hace pocos días se celebró en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol un homenaje a Fernando Múgica, asesinado por ETA en San Sebastián el 6 de febrero de 1996 con un tiro en la nuca en plena calle, delante de su propio hijo José María.

Al acto asistimos un notable puñado de socialistas veteranos acompañando a la viuda de Fernando, Mapi Heras, a sus hijos y a sus nietos. Fue un acto noble, como noble fue la vida de Fernando, y también la de su hermano Enrique.

La serie de discursos la abrió uno de los nietos y lo cerró la presidenta Isabel Díaz Ayuso. Tanto el nieto como la presidenta se refirieron críticamente a la -para los demócratas- incomprensible dependencia del Gobierno sanchista del apoyo que éste recibe para sostenerse en La Moncloa de los herederos y partidarios de ETA, es decir de Bildu, que a cambio de esa desvergüenza ha recibido el regalo de poner en libertad a los asesinos de ETA (que previamente Sánchez había ya enviado al País Vasco para que el PNV los pusiera en la calle).

No es de extrañar, por lo tanto, que al homenaje en la Puerta del Sol no asistiera ningún sanchista.

Si esta es la izquierda, no es extraño que camine con paso firma hacia su desaparición.


© El Economista