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Vuelve la inflación en el impasse de la guerra en Irán

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28.03.2026

El ruido de la guerra en Irán es tan ensordecedor que casi todas las noticias económicas pasan desapercibidas. Por ejemplo, hace un par de días, el INE publicaba el avance de la contabilidad nacional de España, en la que se informaba de un crecimiento real del PIB del 2,8% en el pasado 2025. Es un buen dato, pero es pasado, porque todos asumimos que la crisis energética no sólo va a hacer que aumenten los precios, sino que se reduzca el crecimiento. Además, en 2025 España creció siete décimas menos que en 2024, y estas siete décimas son también la aportación negativa de la demanda externa. Esto quiere decir que importamos más, y más caro, y exportamos menos. La política arancelaria de Trump ya nos ha hecho daño, y a esto se añadirá la subida de precio del gas y el petróleo que consumimos, y que importamos en su totalidad.

Ayer, también el INE informaba de que el IPC general había subido un punto en un mes, situándose en el 3,5%. Además, la inflación subyacente, que excluye alimentos frescos y energía seguía con un incremento del 2,7%. Esto quiere decir que, como no ha dado tiempo a que el aumento de precios de la energía se traslade al resto de productos, el riesgo de que el IPC se dispare es importante, especialmente si el conflicto se enquista.

Ante esto, ¿serán suficientes las rebajas de impuestos que el jueves convalidó el Congreso? ¿Podremos mantenerlas durante mucho tiempo? La respuesta a ambas preguntas, que son importantes, es la misma, probablemente no. Lo primero que hay que tener en cuenta es que un encarecimiento del gas y del crudo supone pagar más cara casi toda la energía. Y esto por definición, empobrece a la economía española, y a casi todos sus agentes. Ante esto, el Estado puede asumir una parte del shock, que habrá que pagar en el futuro,........

© El Economista