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La guerra va a ser larga y sus consecuencias, imprevisibles

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28.03.2026

La guerra cumple hoy un mes desde su comienzo. La campaña, que inicialmente la administración Trump estimó que duraría entre cuatro y seis semanas, podría terminar en cualquier momento, según ha dado a entender el propio presidente, quien dio una tregua de cinco días, que el jueves amplió al 6 de abril.

El presidente hizo llegar a través de los mediadores de Pakistán y Turquía un documento de quince puntos, que Teherán rechaza porque teme que se trate de una trampa para ganar tiempo y preparar el asalto, probablemente, a la estratégica isla de Kharg, donde se concentran las infraestructuras energéticas iraníes, o a varias de las islas del Estrecho de Ormuz, para forzar la reapertura del paso de petroleros.

La posición oficial del ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, es que Irán no tiene intención de negociar, sin embargo, en privado está dispuesto a escuchar mientras se prepara una reunión formal entre las dos partes. EEUU e Israel retiraron a Araghchi y al presidente del parlamento iraní, Mohammad-Bagher Ghalibaf, de las listas de objetivos a eliminar, como parte de los requisitos exigidos para participar en las conversaciones que se lleven a cabo.

Ambos bandos presentan exigencias que van mucho más allá de lo que estaba sobre la mesa antes de la guerra. Irán ahora quiere que EEUU pague una indemnización por los daños de guerra y cierre sus bases regionales. También exige que las navieras internacionales paguen por el derecho a cruzar el estrecho de Ormuz.

Washington, por su parte, exige que Irán abandone el enriquecimiento de uranio y el restablecimiento del libre tránsito marítimo en el Estrecho, así como restricciones a los programas de misiles y a su apoyo a las milicias de la región, a lo que Teherán se niega.

Las posturas están muy alejadas, según reconoce Steve Vikttoff, que encabeza las negociaciones como enviado a Oriente Medio. El Gobierno de Washington está en una encrucijada. O prolonga la guerra -y se enfrenta a la disyuntiva de enviar tropas- o se retira y se arriesga a sufrir las consecuencias económicas, la desconfianza de sus aliados y un grave daño a la imagen e influencia americana en la zona.

Sea el que sea el resultado de la negociación, se descarta ya un conflicto corto

Sea cual sea el resultado de las conversaciones, las esperanzas de una campaña militar rápida y decisiva se desvanecen. Hay señales de que la guerra con Irán se enfrenta a los mismos escollos de la de Irak y de otros conflictos en el extranjero: los objetivos finales son poco claros, la planificación es insuficiente y está basada en la fortaleza del Ejército americano y en unas previsiones demasiado optimistas sobre la resistencia del enemigo. Si el régimen iraní aguanta y sigue atacando barcos y lanzando misiles, toda la región del Golfo se volverá muy inestable, señalan los expertos.

Si Trump creía que iba a ser un paseo militar, como en Venezuela, se ha equivocado. Los iraníes están dispuestos a embarcarse en un conflicto de desgaste, de duración indeterminada, mientras que Trump lanza mensajes contradictorios. Un día dice que la guerra terminará pronto y al siguiente que aún no ha logrado sus objetivos o que ve el petróleo barato, lo que alimenta las especulaciones sobre una guerra larga y dispara las cotizaciones del crudo y hunde las bolsas.

La OCDE pronostica que la inflación acabaría el año en el 4,2% en EEUU. Los precios de los combustibles subieron el 50%, al pasar de 2 a 3 dólares el galón, y la guerra sólo cuenta con la aceptación de un tercio de la población.

La reparación de las infraestructuras de gas tardará años, al igual que las de petróleo

El conflicto fracturó la cadena de suministro regional de gas natural licuado (GNL). Los ataques iraníes contra Catar, uno de los principales productores de GNL del mundo, dañaron su planta de Ras Laffan, dejando fuera de servicio cerca del 17% de su capacidad por un plazo estimado de hasta cinco años. Las plantas de licuefacción son megaproyectos de ingeniería altamente especializados que requieren años de construcción y un tiempo de reparación considerablemente mayor que el de los yacimientos petrolíferos convencionales. El martes, QatarEnergy declaró fuerza mayor en algunos de sus contratos de GNL, incluidos los de clientes en China, Corea del Sur, Italia y Bélgica.

Las consecuencias para el mercado del GNL serán duraderas y más profundas que para el petróleo, según los expertos. A diferencia del crudo, el gas no cuenta con reservas estratégicas importantes a las que recurrir en caso de emergencia. Además, el petróleo puede sortear el estrecho de Ormuz mediante gasoductos terrestres, mientras que el GNL de Catar carece de vías alternativas.

El mercado mundial de GNL se está convirtiendo rápidamente en una guerra de ofertas de suma cero, ya que los buques cisterna se desvían a mitad de su trayecto al postor que ofrezca precios más altos. Con las exportaciones de Catar y Emiratos Árabes paralizadas, Europa y Asia deben competir agresivamente por la capacidad sobrante de EEUU y Australia, lo que provocó subidas desde que comenzó la crisis del 70%, el doble que el petróleo. El aumento drástico de los precios podría provocar una caída drástica de la demanda y una desaceleración económica. Sobre todo, si se dañan las infraestructuras energéticas.

La OCDE estima ya que la crisis de los hidrocarburos restará cuatro décimas de crecimiento a Europa y elevará en otras cuatro décimas la inflación hasta el 2,6%. El país más beneficiado será Estados Unidos, donde el crecimiento se acelerará incluso, aunque afectará al bolsillo del consumidor.

En este sentido, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, aseguró el miércoles que la entidad responderá "con contundencia" si se observa un alza de la inflación durante un período prolongado. El euríbor, el tipo de referencia utilizado en los préstamos de todo tipo, sobre todo hipotecarios, roza ya el 3%, con un alza de casi 100 puntos en el mes.

Asimismo, el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, señaló que, de momento, la guerra había tenido un impacto moderado, pero alertó de que "el conflicto podría desencadenar la aparición de vulnerabilidades interconectadas y provocar tensiones sistémicas" en un momento en que las valoraciones de los activos son elevadas.

En estas circunstancias, el nerviosismo y la volatilidad cunde en los mercados que descuentan ya una guerra larga. Aunque los expertos avisan que, aunque el conflicto terminara mañana, habrá consecuencias, que ya se dejan sentir en la inflación, son a largo plazo impredecibles.

PD.- En España, la remodelación del Gobierno con el ascenso de Carlos Cuerpo como vicepresidente primero es un acierto por su perfil técnico y temple moderado, que ha demostrado en varias ocasiones escuchando las demandas de los empresarios en contra de las ideas de bombero de la vicepresidenta Yolanda Díaz.

Cuerpo es un profundo conocedor de la economía española y de su desarrollo estadístico. Sus conocimientos y prudencia son muy necesarios en el entorno actual, con fuerte subida de los precios y menor crecimiento. Sánchez necesita que el país no descarrile de aquí a las elecciones de 2027 y Cuerpo se convertirá en el cirujano imprescindible.

La situación es complicada tras tres años consecutivos sin Presupuesto. En contra de la creencia popular, hereda unas cuentas delicadas, ya que el desmesurado gasto público, agravado por las ayudas a la guerra, que probablemente tendrá que ampliar, provocarán que España incurra en déficit excesivo, según advirtió la presidenta de la AIReF, Cristina Herrero, antes de su marcha.

El reto estará en contener el gasto en un año electoral, con una economía a la baja. Aún no está claro su ascendencia sobre el nuevo ministro de Hacienda, Arcadi España, con un perfil más político, aunque con experiencia en la gestión económica

La primera tarea del nuevo ministro de Hacienda, una vez superadas las elecciones andaluzas, es abordar la financiación singular, con el traspaso del IRPF a Cataluña. Un plan al que España se opuso como consejero de Hacienda durante la presidencia de la Generalitat valenciana de Ximo Puig. La Comunidad Valenciana es quizá la más perjudicada con el actual reparto autonómico.

Otro de sus retos está en nutrir el Presupuesto de Defensa, que con el incremento de la inflación restará mucho dinero para las partidas sociales.

Sánchez acierta al desvincular a priori la política de la economía. María Jesús Montero, es vicesecretaria general del PSOE y se convirtió en uno de los arietes utilizados por Sánchez contra la oposición. Es necesario recuperar la ortodoxia en el gasto y en la gestión económica y el nuevo equipo cuenta con experiencia y el talante para llevarlo a cabo. Ojalá lo cumplan.

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