Entrenados, no improvisados
Hay hombres que construyen empresas, y hay hombres que forman generaciones… mi padre fue uno de esos.
Casi nunca escribo sobre él, pero hablar de lo que soy inevitablemente me lleva a hablar de Jesús Manuel Salayandía Reyes, nacido el 19 de junio de 1952 en Santa Bárbara, Chihuahua.
Su universidad no tuvo aulas. Fue el campo agrícola en Estados Unidos, donde trabajó siendo muy joven. Fueron los jardines que arreglaba en El Paso, fueron los talleres de torno donde aprendió los primeros oficios con las manos llenas de grasa y la mente llena de curiosidad; más tarde se fue a la Ciudad de México a abrirse camino.
Trabajaba todo el día en lo que fuera necesario, aquellos años lo formaron en algo que hoy parece escaso: la dignidad del trabajo y la visión del que aprende haciendo.
Cuando regresó a Ciudad Juárez a visitar a mis abuelos, la industria maquiladora apenas comenzaba a instalarse en la frontera, había oportunidades y decidió quedarse. Trabajó en Allen Bradley, en el Parque Bermúdez, y más tarde en Packard Electric, que con el tiempo se convertiría en Delphi y hoy es Aptiv.
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