Seguridad Vial queda a deber a Juárez
“Existen sectores completos donde no se aprecia la presencia de patrullas o unidades de vigilancia, lo que genera una percepción de abandono institucional. La ausencia de supervisión no solo fomenta el desorden vial, sino que también incrementa el riesgo de accidentes”
El desempeño de la Dirección de Seguridad Vial en Ciudad Juárez resulta, a todas luces, deficiente. La dependencia no está cumpliendo con la misión que lleva en su propio nombre: garantizar orden, movilidad y prevención en las calles de la ciudad.
Los embotellamientos son constantes, a cualquier hora y en distintos puntos urbanos, sin que se observe presencia de agentes para agilizar el tránsito. A ello se suma la creciente cantidad de conductores que infringen las normas sin consecuencia alguna: vueltas prohibidas, exceso de velocidad, invasión de carriles, estacionamientos indebidos y omisión de señalamientos.
Existen sectores completos donde no se aprecia la presencia de patrullas o unidades de vigilancia, lo que genera una percepción de abandono institucional. La ausencia de supervisión no solo fomenta el desorden vial, sino que también incrementa el riesgo de accidentes.
Ante este panorama, surge una pregunta legítima: ¿por qué el Municipio no invierte en la contratación y capacitación de más agentes de tránsito? Mejorar la vigilancia vial no es un gasto, sino una inversión en seguridad, prevención y calidad de vida para los juarenses.
La movilidad ordenada es un componente esencial de la seguridad pública. Sin una estrategia clara y visible, la ciudad seguirá atrapada en el caos vehicular y en una cultura de incumplimiento que perjudica a todos.
La ausencia institucional no solo genera desorden: genera riesgo. Cada cruce sin supervisión es una invitación al accidente. Cada infracción ignorada es un mensaje de que la ley es opcional. Y cuando la norma se vuelve sugerencia, la ciudad pierde.
El problema ya no es percepción: es operación. Si no hay suficientes agentes, es una falla administrativa. Si sí los hay, pero no están en puntos estratégicos, es una falla de planeación. Y si existen, pero no intervienen, es una falla de supervisión.
No basta con señalar el problema. La solución exige decisiones concretas:
1. Incrementar el estado de fuerza.
Realizar un diagnóstico público del número de agentes activos y establecer una meta anual de contratación y capacitación. Una ciudad del tamaño de Juárez no puede operar con plantilla limitada.
2. Presencia estratégica obligatoria.
Asignar agentes permanentes en cruceros de alto flujo en horarios pico. La visibilidad de la autoridad tiene efecto disuasivo inmediato.
3. Operativos focalizados semanales.
No solo retenes esporádicos. Programas constantes contra exceso de velocidad, conducción sin licencia, motociclistas sin protección y vehículos sin placas.
4. Tecnología y transparencia.
Implementar más semaforización inteligente y sistemas de monitoreo, pero acompañados de informes públicos mensuales sobre infracciones, accidentes y zonas de mayor incidencia.
5. Cultura vial con corresponsabilidad.
Campañas permanentes en escuelas, empresas y medios. La autoridad regula, pero la ciudadanía también debe asumir responsabilidad.
La pregunta inevitable
El Municipio debe explicar con claridad qué está haciendo para corregir esta situación. Porque si el tránsito se desborda, no es solo un problema de movilidad: es un síntoma de debilitamiento institucional.
Una ciudad sin orden vial no puede aspirar a ser competitiva ni segura. Y hoy, Seguridad Vial le está quedando a deber a Juárez.
En teoría política y en derecho público, el Estado tiene como función esencial garantizar la seguridad y el orden, porque posee el monopolio legítimo del uso de la fuerza y la facultad de hacer cumplir la ley. Ese principio, formulado por pensadores como Max Weber, sostiene que solo el Estado puede ejercer coerción legítima para preservar el orden social.
En el ámbito mexicano, esa responsabilidad se traduce en la obligación constitucional de las autoridades de salvaguardar la seguridad pública, prevenir delitos y mantener el orden. A nivel municipal —como en Ciudad Juárez— esto incluye la seguridad vial, porque el tránsito no es solo movilidad: es prevención de riesgos y protección de la vida.
Ahí está el reto para Jesús Manuel García Reyes, actual titular de la dependencia: redoblar esfuerzos y poner orden donde hoy hay preocupación. Ciudad Juárez merece una Dirección de Seguridad Vial eficiente, cercana a la gente y con resultados visibles. Es momento de actuar.
La ciudadanía demanda una presencia preventiva constante y, cuando sea necesario, también firme contra quienes se burlan de las reglas viales. Y los agentes, que suelen dejarse ver los fines de semana por la noche, deben asumir con claridad su responsabilidad y entender el mensaje: la vigilancia no puede ser intermitente.
