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Guerra y frontera

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05.03.2026

En estos últimos días hemos observado que comenzó una “guerra” entre Irán, Israel y Estados Unidos, y aunque probablemente el conflicto se pacifique en los próximos días, también es cierto que puede ir escalando y tomar proporciones mundiales mayúsculas. Aunque Medio Oriente es lejano y para Juárez solo representa ver los sucesos en pantallas y tabloides, hay que comentar que uno de los involucrados, Estados Unidos, es nuestro vecino, y esto trae otra dinámica, especialmente si hablamos de las fronteras, donde Juárez es una de tantas.

Las fronteras siempre han sido espacios extraños que parecen compartir más con el otro país que con sus propios connacionales. Sabemos que en Juárez tenemos una afinidad más grande con los paseños porque compartimos economía, sociedad, recursos, triunfos y adversidades. Pero también sabemos que tener acceso a estas ventajas conlleva estar restringidos en derechos de movilidad, control y vigilancia, que se manifiestan de muchas formas, y que todo esto pareciera estar más sujeto a desconfianzas nacionales que a un efectivo estado de derecho binacional.

Y aunque a todo esto nos hemos acostumbrado y, de alguna manera, lo hacemos funcionar, debemos decir que panoramas indeseables como una guerra que escale en poder y extensión solo harán que la desconfianza entre naciones crezca y que los controles transfronterizos sean más exhaustivos, por no decir imposibles. Aunque no hemos llegado a esos límites —y esperamos no hacerlo—, el solo hecho de la posibilidad trae una enorme desestabilización en la zona, la cual pagamos, una vez más, los fronterizos, a quienes, sin deberla ni temerla, nos afecta principalmente.

Por ejemplo, comenzamos a ver que el siempre inestable dólar, del cual depende la economía de esta región, no ha parado de cambiar de valor desde que inició el conflicto, y aunque esto es natural, es un trago amargo para las finanzas de ambos lados de la frontera. Los tiempos de espera en los puentes internacionales se han intensificado y, cuando pensamos que dos horas de fila eran demasiado, hechos pasados nos dicen que cruzar puede ser equivalente a un viaje a Chihuahua capital o incluso resultar imposible, porque los puentes internacionales también pueden cerrarse, como en los tiempos de COVID.

Lo irónico de todo esto es que tanto juarenses como paseños solo podremos apretar los dientes y ser resilientes, porque, seamos honestos, este tipo de decisiones no se toman aquí, sino en las capitales de nuestros respectivos países. Aunque entiendo las razones de estas medidas, también es un hecho que, como fronterizos, somos siempre los principales afectados en una ya de por sí lamentable situación. Sé también que este es el riesgo de vivir en una frontera por la cual hemos crecido; quizá hoy nos toca pagar el precio de tener acceso a tantas ventajas en comparación con otros lugares del país.

Como orgulloso fronterizo, pero más como ser humano, espero que estos conflictos que hemos visto en estos días no escalen más. Creo que, como humanidad, hemos avanzado lo suficiente como para no remitirnos a soluciones tan primitivas y arcaicas como la guerra. Entiendo perfectamente que las naciones deben protegerse y velar por los intereses de los suyos, pero también sé que esos objetivos pueden lograrse sin armas, y quien no lo crea así es parte del problema y no de la solución. Independientemente del bando que elijamos, seremos derrotados, porque en una guerra quien siempre pierde es la humanidad.


© El Diario