Los enemigos íntimos de nuestra democracia
La historia reciente nos ha enseñado que las democracias rara vez mueren asesinadas de golpe y que, más bien, mueren por una corrosión paulatina provocada por quienes “juraron” protegerlas.
Estos días recordé dos lecciones que, leídas juntas, nos permiten profundizar en la idea anterior. Por un lado, Tzvetan Todorov, en Los enemigos íntimos de la democracia, advertía que los mayores peligros para un régimen democrático no vienen de fuera, sino de la distorsión de sus propios valores constitutivos.
Por otra parte, el expresidente de México Felipe Calderón, en su participación en el foro América Libre, mencionó que "las instituciones pueden tardar décadas en construirse y muy poco en destruirse". El exmandatario citó la obra de Cómo mueren las democracias, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, para señalar que las democracias contemporáneas mueren por el desmantelamiento gradual, legal en apariencia, de los contrapesos que las sostienen. Esta destrucción se acelera cuando el Estado de Derecho se debilita y más aún, cuando se hace desde el interior mismo de las instituciones.
Esa doble lección ha dejado de ser una advertencia lejana y se ha convertido en una descripción cada vez más precisa de lo que está en juego en nuestro propio país.
Hace unos meses, en Chihuahua tomamos una........
