Y la soberanía ¿para qué sirve?
Con relación a los acontecimientos ocurridos recientemente en el ámbito político del estado de Chihuahua y Sinaloa, el tema de la soberanía ha tomado nuevamente fuerza en la opinión pública. Y no es un tema menor, sino que, por el contrario, se plantea hoy como una necesidad no sólo para el análisis y la discusión de la realidad nacional, sino también para la comprensión de lo que implica ser un pueblo soberano en tiempos donde la identidad nacional se ha desdibujado en el marco de una dinámica global, económica y tecnológica, dirigida por un puñado de actores muy concreto.
En una época tan pragmática como la que vivimos, el valor que le asignamos a las cosas generalmente pasa por lo que se ha definido como “valor de uso”, el cual descubrimos luego de hacernos la pregunta clave de nuestro tiempo: “¿para qué sirve?” Las cosas e incluso las personas hoy en día tienen que “servir” para algo, de tal manera que hagan “valer” su existencia. Es decir, que en su valor de uso demuestren que están aquí porque contribuyen empíricamente a la realización de alguna actividad necesaria o ventajosa para quien o quienes la realizan. De lo contrario, si ese algo o alguien, objeto o persona, es considerado como “inútil”, que no tiene utilidad, o bien, no se le atribuyen efectos prácticos, entonces esto pasa a ser algo menos que un adorno. Comienza así a cuestionarse la existencia de ese objeto o persona y a considerarse la posibilidad de descartarlo. El Papa Francisco hablaba en este sentido de lo que el observaba y definía como “cultura del descarte”, una tesis de lo que para él era el ethos de nuestro tiempo.
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