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Cuaresma. Tiempo de conversión

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22.02.2026

Al Pbro. Hesiquio Trevizo B.

Es para mí motivo de alegría comenzar esta contribución de artículos quincenales para la sección de Opinión de El Diario de Juárez; quisiera hacerlo recordando y pidiendo prestados con humildad unos versos del gran poeta Neruda: «Vengo llegando de mi casa, de Isla Negra, y te pido permiso para entrar en tu casa, para leerte mis versos, para que conversemos…». Igualmente pido permiso, amables lectores, para entrar, por medio de la palabra escrita, en sus casas, para que conversemos, pese a que no soy Neruda, sino Felipe Ramos. No vengo de una casa en Isla Negra, sino de mi pequeña casa cural perteneciente a la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, y de donde sí vengo es desde el corazón del Juárez de antaño, del Juárez viejo: la colonia Bellavista. De vocación soy sacerdote católico y quizá, solo quizá, además de músico y loco, tenga algo de poeta.

Agradezco ex toto corde a mi Señor Obispo, Mons. Guadalupe Torres, el haberme otorgado su venia para escribir. También agradezco al Sr. Osvaldo Rodríguez Borunda y al Sr. Manuel Aguirre la muy valiosa oportunidad que me brindan de expresarme a través de este medio de comunicación, que ha asumido el deber de informar y hacer reflexionar a nuestra sociedad juarense desde hace cincuenta años. Comienzo, pues, mi contribución en el marco del Jubileo de Oro de este medio, y por ello estoy experimentando doblemente el peso de la responsabilidad de quien se atreve a comunicar la palabra escrita. Asimismo, quisiera externar mi agradecimiento a todos los queridos amigos de los miércoles, quienes me animaron a escribir.

Finalmente, quiero recordar con veneración y cariño al Pbro. Hesiquio Trevizo, quien por veinticinco años escribió semanalmente artículos para este medio, motivado por su deseo de compartir el mensaje del Evangelio de Cristo, «tan antiguo y tan nuevo». El mismo deseo es el que me motiva ahora para compartir quincenalmente estas reflexiones. No me atrevo a decir que vengo como sucesor del querido padre, pero sí a retomar la oportunidad y el reto de escribir a pesar de mis deficiencias, y por eso lo hago con temor y temblor, pidiendo amablemente la paciencia de ustedes, estimados lectores. En verdad, mi intención no es otra que entrar en su casa el domingo para compartir juntos el Evangelio, la Palabra de Dios que, pese a su antigüedad, presenta siempre un mensaje joven y nuevo que, creo firmemente, tiene mucho que decirnos a todos.

Desde el pasado miércoles 18........

© El Diario