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Empoderamiento o necesidad: Poniéndonos un minuto en los zapatos de ellas

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04.03.2026

En unos pocos días, el domingo 8 de marzo, se conmemorará el Día Internacional de la Mujer, instaurado por la ONU desde 1977, hace casi cincuenta años.

De ninguna manera se trata de recordar que, por azar del destino, a la mitad de los humanos que existimos nos tocó ser mujeres: para eso nosotras no hicimos ninguna gracia ni esfuerzo. Más que las gracias, para muchas los esfuerzos se han hecho precisamente después de nacer y se siguen haciendo día tras día. Trataré de explicarlo.

El 8 de marzo, 8M, a nivel mundial es una fecha especial porque ese día se conmemora la lucha por la igualdad real de género, los derechos laborales y la erradicación de la violencia que, hasta el día de hoy, sigue vigente. Tiene su origen cuando, en Nueva York, en 1857, mujeres que laboraban en la industria textil protestaron para conseguir mejores condiciones de trabajo, reducción de jornadas y salarios justos; posteriormente lo harían mujeres rusas que, en 1910, pedían “pan y paz”, consigna que algunos transformaron después en algo muy distinto: “pan y rosas”.

El día 8 de marzo se tomó para no olvidar que, en 1908, también en Nueva York, 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton; ellas sostenían una huelga a manera de protesta para alcanzar equidad laboral respecto a los hombres, pues ellos ganaban más por la misma jornada. Otros registros históricos indican que ese día cerca de quince mil trabajadoras textiles llevaron a cabo una protesta pública para exigir que su jornada fuera de solo diez horas y el fin del trabajo infantil.

¿Por qué conmemorar y no celebrar? Creo que, a estas alturas, usted ya habrá sacado conclusiones: conmemorar, si buscamos su significado de manera muy simple, implica recordar de manera solemne, pública o no, un acontecimiento histórico y puede hacerse hasta con un monumento para facilitar un legado. En cambio, celebrar implica júbilo… y aquí no hay nada que festejar.

Hablando de mujeres en nuestra ciudad, se estima que si para 2020 la población total de Ciudad Juárez era de 1,512,450 habitantes, para 2025 habríamos alcanzado, en números gruesos, 1,600,000, de los cuales la mitad son mujeres; esto es, cerca de 800,000. Ahora bien, de acuerdo con datos de Index Juárez para marzo del año pasado, de la planta laboral de la industria maquiladora local cerca del 50 por ciento eran mujeres y, con base en ello, se colocaba, en ese entonces, que más de ciento cincuenta mil mujeres trabajaban desde las líneas de producción hasta puestos directivos.

Para tener idea de la magnitud de lo que estamos hablando: en 2025, de las 800,000 mujeres que vivían en Juárez, incluyendo todas las edades —desde niñas hasta ancianas—, el 20 por ciento, es decir, una de cada cinco, trabaja en la industria maquiladora. Si lleváramos esta proporción a la población en general, tendríamos que una de cada diez personas de todas las edades en nuestra ciudad es una mujer que trabaja en la maquila.

Pero solo estamos hablando de la maquila… recordemos que de los trabajos formales solo el 65 por ciento se da en la maquila, por lo que el 35 por ciento restante corresponde a trabajo en otro sector o en el mercado informal. Es decir, hay muchas más mujeres que trabajan, aun sin remuneración, que son invisibilizadas, o casi.

Algunos le llaman ánimo de superación; otros, empoderamiento: una palabra rimbombante para disfrazar la necesidad.

Por eso, aunque se quiera ser empático —o simpático— y desee regalar flores y chocolates, lo mejor siempre va a ser pensar poniéndose en los zapatos de ellas. Si usted en este momento relaciona la reforma laboral que tenemos en puerta con la vida que tienen las mujeres en esta ciudad, pudiera llegar a ciertas conclusiones, empezando por recordar que muchas de ellas optan por tiempo extra para obtener mayores ingresos que les ayuden a mantener su hogar; pero, si se reduce la jornada a 40 horas sin asegurar dos días de descanso, ¿podrán utilizar de mejor manera los retazos de tiempo liberado para ellas y sus familias? ¿No sería mejor, en su caso, disponer de dos días completos? Toda vez que simplemente el transporte al lugar de trabajo implicaría el gasto adicional de un día e invertir de dos a cuatro horas más “plantadas” en la rutera, y no consigo mismas o con la familia. Véalo en modo de mujer… véalo también en modo de persona.

Este día se podrán recordar logros alcanzados, se vale, pero siempre en el marco de los esfuerzos y las barreras que se han tenido que superar en medio de una sociedad que sí abre las puertas para que la mujer trabaje, pero no le da el soporte necesario. Por eso duelen las vallas y hasta los conciertos. Cuántas mujeres han alzado la voz y han sido silenciadas. Cuántas han muerto en silencio.

Por cierto, no olvide visitar el memorial de las mujeres víctimas de Juárez: una herida olvidada que aún no sana.


© El Diario