menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

¿Será que nos gusta vivir así?

5 0
previous day

Hay días que uno anda por la calle y todo lo vez normal: la rutera que se atraviesa y debes frenar porque ya tus reflejos están condicionados y te dicen “este no se va a parar” (aplica también a los camiones de carga)… sigues conduciendo por la calle y cuando adviertes un bache solo te “amarras” al volante para no cabecear tan duro…

Pero también hay días en que será por la inclinación del sol, o cualquier estímulo en el aire, en que las cosas adquieren matices: días en que, digámoslo así, alucinamos fino.

¿A usted le pasa igual?

Y es que, por ejemplo, al estar en un retorno para ordenar las vueltas hacia la izquierda, esos que se construyeron a la par del BRT, me encuentro esperando tranquilamente a que encendiera la respectiva flecha, cuando sucede lo impensable: de pronto me doy cuenta de que ¡ya no hay semáforo! Mi cerebro empieza a divagar preguntándose ¿será que un ebrio lo derrumbó… y como es costumbre lo que se derrumba ya no se vuelve a instalar? ¿O consideraron que no era necesario en este crucero? Y ¿por qué, si fue así, lo pensaron de esa manera si se trata de una avenida principal? ¿Será quizá sea porque confían en la prudencia y pericia de los conductores juarenses…? (que, por cierto, no lo creo, y a las pruebas me remito) ¿o porque han capacitado tan concienzudamente a los conductores del BRT para observar y adivinar, sin semáforo, que saben cuándo deben hacer alto y cuándo les toca avanzar? lo que es cierto es que están dejando ¿deliberadamente? nodos de potenciales accidentes que claramente se pueden evitar.

Todo iba bien hasta que noté esa nimiedad… pero ya entrada en modo “observante” salieron a relucir los bolardos -los pequeños postes que se colocan para proteger a las personas- caídos gracias precisamente a la pericia y sobriedad de los juarenses- pero eso sí, muy pintados de amarillo gracias al buen mantenimiento que en esta ciudad se le da a la infraestructura urbana. Y ahí, al girar un poco la mirada ¿qué cree? pedazos de guarniciones también muy pintaditas y, en el mejor de los casos, hasta alineadas.

Ni hablar… los postes chuecos salieron a flote, y también los que han estado ahí, tirados, por meses gracias al patrocinio de otros buenos juarenses, e y de quienes corresponde hacer las reparaciones, esto a pesar de los portes de protección anti-borrachos que, por cierto, obstruyen las banquetas. ¡De las arañas de cables ni hablemos! Al parecer se tiene la intención de eliminarlos, o al menos disminuirlos, sin embargo, un día y otro también se ve a empleados de las cableras instalando nuevas líneas. El cuento de nunca acabar.

¿Le ha tocado la buena suerte de pasar por calles en donde se parcharon los baches? Pues entonces también es testigo del escombro que se deja a un lado… hasta que “la cuadrilla que viene atrás” lo recoge.

Y no lo dude, todos somos testigos también del vecino que poda sus árboles y deja las ramas y hojas sobre la banqueta a esperar que el sol las seque y el viento las esparza… eso sí, en un lugar donde no le estorbe a él. Esto a la par del sobrecogedor paisaje que ofrecen los “tambos” de basura dispuestos en las banquetas de los fraccionamientos de todo tipo; está bien, sabemos que en muchas familias ambos padres trabajan y no pueden estar al pendiente del paso del camión que la recoge, pero debemos reconocer que desde hace tiempo el servicio de limpia es bastante regular… ¿pudiera ser que se sacara el día que corresponde? ¿O que se oculte atrás de un murete para disimular un poco su presencia?

Triste imagen también la de los vasos de captación, o “jardines de lluvia” que se construyeron para aliviar inundaciones y llevar el agua pluvial al manto freático ¿alguien se ha acordado de darles mantenimiento? ¿No? ¿Y qué hacen ahí bolsas de basura, de esas negras, que depositan los vecinos? ¡Pues así cómo! Y las bolsas de basura “colgando” de las ramas de los arbustos ¿quién las desechó en la vía pública?

Hay pequeñeces con las que lidiamos a diario, como el edificio de treinta y cuatro pisos que solo había pedido permiso para construir diez; las agencias de autos recién inauguradas que no cumplen con las dimensiones de los cajones de estacionamiento, invaden banquetas y hacen maniobras para recibir a las “madrinas” que entregan los vehículos nuevos, todo ello en una avenida de alta velocidad… y un negocio de lavado de autos también recién inaugurado que recibe al camino que da mantenimiento a su fosa también a plena calle ¿quién los autorizó?

Pues sí, hay días de alucine fino. Días de sorprenderse a lo grande, de ver cosas inexistentes como si fueran reales, de confundirse, fantasear y pensar cosas absurdas… días de alucinar, de creer que el caos se vuelve contra nosotros. ¡Caray! ¡Fantasías que lo alteran a uno!


© El Diario