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Hasta las lombrices tienen derecho a recibir un nombre

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monday

Ciudad de México.- Un feo sapo verdinegro entró al Bar Ahúnda. Dando saltos se dirigió a la barra, se posó sobre ella y con grave y ronca voz le pidió al cantinero: "Dame un tequila doble".

El barman, boquiabierto, no daba crédito a lo que veían sus ojos. (Con ellos acostumbraba ver). Apenas se repuso del asombro le preguntó al batracio: "Con el mayor respeto: ¿qué clase de bicho eres?". Respondió el animalejo: "Te diré. Todo empezó cuando le dije a mi suegra: 'Vieja bruja'".

La anécdota que en seguida narraré es real. A pesar de eso es interesante. Este señor de mi ciudad era algo más que un señor: era un caballero. Alto y erguido, de cabello entrecano y gentil rostro, tenía cierto parecido con Vincent Price o Basil Rathbone, actores de la pantalla caracterizados por su elegancia y apostura.

Vestía trajes Príncipe de Gales; calzaba zapatos de charol, se cubría con un Borsalino de elevado precio: lucía siempre fulares de seda azul o roja que le daban un aire de extranjería y distinción.

Era rico, muy rico. Empresario de nota, figuraba como uno de los pilares de la comunidad. Y sin embargo este dineroso caballero que habría podido beber el más caro de los whiskies o el más........

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