El adiós a Ceuta
La decadencia de una nación no se mide por sus crisis económicas ni por la prima de riesgo, sino por el agotamiento, por el cansancio ... de su propia identidad histórica y política. Somos un país crepuscular, aquejado de una extraña astenia espiritual, incapaz de sentir latir la españolidad de Ceuta con la misma evidencia doméstica, obvia y cotidiana con la que asumimos la de un piso en el barrio de Salamanca o la del palacio de la Moncloa o el de la Zarzuela. Cualquier día Ceuta y Melilla caerán, pero nunca lo hará Gibraltar. Falta esa energía histórica, ese impulso vital que convertía el espacio en afecto y la geografía en certidumbre.
Si yo fuera ceutí, si........
