“Rómulo, líder con ideas definidas”
Hay hombres que pasan por la historia como una sombra. Y hay otros que la atraviesan como un relámpago que deja el cielo marcado. Rómulo Betancourt fue de estos últimos. Un líder con ideas definidas, con convicciones a prueba de vendavales, con la lucidez suficiente para rectificar a tiempo y el coraje necesario para sostener su palabra.
Lo conocí en San Juan de los Morros, en la casa del exgobernador José Inés Díaz Milano. Yo era apenas un muchacho que empezaba a asomarse al vértigo de la política. Lo vi entrar con esa pipa que no era un simple objeto: era casi una extensión de su carácter, un símbolo inconfundible. Cuando estrechó mi mano sentí que tocaba a un hombre de otro mundo, no por distante, sino por su densidad histórica. Claudio Pino, mi mentor político en el Guárico, me presentó como “una joven promesa del semillero adeco”. Yo apenas comenzaba a entender la magnitud de aquel momento.
Mi bautizo político había ocurrido años antes, siendo un adolescente de trece años. Me colé entre una muchedumbre de hombres y mujeres con banderitas blancas, manos alzadas y un coro que retumbaba: “¡pipa sí, chiva no!”. Agarré una banderita y sumé mi voz sin saber del todo lo que significaba. Después comprendí que “pipa sí” era respaldo a las políticas firmes de........
