La superioridad de un líder que no cesa
El presidente de EEUU, Donald Trump. / GRAEME SLOAN / EFE
No lo hemos oído quejarse de su fracaso, las artimañas o estrategias le han funcionado a las mil maravillas, además, si aún hay que forzar la máquina de la guerra y arrasar países que incomodan sus intereses se hace sin más cuento. Nos dice con un regodeo solemne que goza viendo a los barcos huir ante la embestida de sus misiles y drones. Lo que destruye o contribuye a hacerlo luego lo levantaría con la ayuda de los marines y mercenarios cubanos. Solo le falta la llave que abra la compuerta del estrecho de Ormuz, entonces el negocio saldría redondo.
El bienestar del mundo. ¿Qué mundo?: el suyo, por donde circula un sinfín de majaderías, de frustraciones que siendo irrelevantes le empujan hacia alturas celestiales donde la sinceridad se ausenta, el contubernio se acrecienta y el despojo de su naturalidad se esconde........
