Se les ve el plumero
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el Lehendakari Imanol Pradales, durante el encuentro que han mantenido este viernes en Moncloa. / José Luis Roca / EPC
La práctica habitual de Moncloa en estos últimos tiempos ha sido convertir el agua en vino. Lo imposible en posible, a través de un paciente proceso de «baño maría» mediático y jurídico. Recordemos aquella amnistía que era «totalmente inconstitucional» e «imposible» y que fue vehementemente negada por varios ministros del Gobierno, porque «no cabía en la Constitución».
En un lento proceso de reblandecimiento informativo, paso a paso, resultó que sí cabía. Tenía que caber porque era el «paso decisivo» para la reconciliación con Cataluña. Y el argumento definitivo fue: ¿No estamos con Cataluña ahora mucho mejor que antes, en donde todo era enfrentamiento, crispación y conflicto? Naturalmente que sí. Como una familia que paga un rescate y cuando tienen ya en casa al secuestrado justifica haber cedido al chantaje porque ¿no está con nosotros, al fin, la persona que queremos? ¿No lo conseguimos? Naturalmente que sí.
Hay varias comunidades interesadas en la cogestión de sus aeropuertos: el País Vasco, Canarias y Baleares. Pero eso es algo a lo que la empresa gestora aeroportuaria, Aena, donde el Gobierno tiene una mayoría del 51%, se opone con uñas y dientes. Ese mismo Gobierno central le ha dicho varias veces a nuestras Islas que no se hagan ilusiones. Que no pueden tener capacidad de decisión en materia de aeropuertos. Que la «cogestión» no cabe en la ley. Incluso lo ha advertido, con cierta carga de exasperación, el propio presidente de Aena, Maurici Lucena, quien ha amenazado incluso con acudir a los tribunales para defender la soberanía de su empresa en esos aeropuertos públicos, hechos con el dinero de todos los españoles, que les entregaron con un hermoso lacito.
Pero el Gobierno vasco no estaba dispuesto a ser «un florero» en la gestión de sus aeropuertos. Ni a que se la hicieran otros. Así que Moncloa se enfrentaba a un dilema sin aparente solución. Si accedía a la cogestión de los aeropuertos con los vascos, se la tendría que dar también a los canarios. Y después a los baleares. Un problemón. Pero no hay nada imposible para quien juega sin reglas. Moncloa propuso un acuerdo marco «inteligente» para cumplir la legalidad, pero permitiendo mandar a los vascos: la creación de un órgano bilateral donde el PNV propondría y el Gobierno de España –que tiene el 51% de AENA– ejecutaría lo que le dijesen los vascos. Un discreto plan para evitar que otras comunidades pidieran lo mismo.
Esta pasada semana se firmó en Madrid un pacto de nuevas transferencias entre el lehendakari Pradales y Pedro Sánchez. Y entre todos los asuntos se acordó la cuestión de los aeropuertos. La nota oficial no pudo ser más intencionadamente poco precisa. Pero la prensa vasca –malditos periodistas– retrató partes del acuerdo con pelos y señales. Y hablan –¡oh sorpresa!– de un «órgano bilateral» entre las dos administraciones.
Ya tenemos la mesa. Ahora veamos las cartas. Parte del texto del acuerdo, filtrado por el propio Gobierno vasco, habla de participar en la «definición y orientación de las decisiones estratégicas» en materia de aeropuertos y en la «gestión y en la planificación económica y regulatoria», lo que implica hacer «propuestas previas a la elaboración de planes directores» e «informes obligatorios» antes de aprobarlos, con una «incidencia» real en la toma de decisiones. Los acuerdos entre Moncloa y Gobierno vasco incluyen «intervenir» en materia de tarifas áreas y en el programa de inversiones de Aena, entre otras muchas competencias. A falta de conocer íntegramente el texto del documento firmado creo que la intensa presión de los vascos, que no se fían ni de su abuela, ha hecho tan evidente la cogestión que querían ocultar que al final se les verá el plumero.
Bien por los vascos. Pero si existe un territorio donde la gestión de los aeropuertos resulta fundamental es nuestro Archipiélago. Porque está lejos del continente, porque tiene ocho aeropuertos de los que depende su conectividad interior y exterior y de los que cuelga su único sector de éxito, que es el turismo. Canarias tiene por delante una batalla que debe ganar en el terreno político o en los tribunales. Y esto no va de culo veo culo quiero. Esto va de que no nos den por justo por ahí.
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