La política de la crueldad
Archivo - Donald Trump y Vladimir Putin, durante la cumbre de Alaska en agosto de 2025 / -/Kremlin/dpa - Archivo
Demasiado a menudo nuestra conversación política se asemeja a lo que sucedía en un rincón del patio del colegio, cuando cuatro, cinco o seis valientes rodeaban al chaval enclenque, con gafas de culo de botella, para divertirse a costa de su vulnerabilidad. Los matones buscaban las risotadas de sus compañeros y la humillación de su víctima. Algunos de estos matones han crecido, ocupan escaños y cargos institucionales, o son gurús comunicativos, o influencers y tertulianos, tienen miles de seguidores en las redes sociales y han convertido la crueldad en una herramienta legítima de la competición política que se aplaude y se premia. Se alardea.
En la polarización extrema que vivimos, destrozar al adversario, o a cualquiera de sus símbolos, es lícito. Es una estrategia comunicativa construida sobre los zascas, las verdades como puños y la retórica de las redes sociales sector barra de bar cutre. Una forma de convertir a los políticos en gente normal, pero por abajo, por la alcantarilla. Es una política muy testosterónica, aunque........
