El sumidero
Fachada de la Comisión Europea, en Bruselas, con una lona alusiva a los fondos europeos Next Generation / E.D. / L.P.
La decisión de Europa de endurecer su política migratoria no es algo nuevo, sino la culminación de un proceso largo y casi inevitable, que arranca con la crisis de refugiados de 2015 y se consolida en cada proceso electoral de los países miembros, cuando el odio y el miedo a los otros gana terreno al principio de solidaridad que inspiró el nacimiento de la Unión.
Desde la crisis siria y el asalto a las fronteras europeas de decenas de miles de personas desesperadas, la lógica de Bruselas ha sido siempre la misma: contener, externalizar, filtrar, convertir las fronteras en espacios de disuasión. Las pocas voces que se levantaron para rechazar un tratamiento inhumano del problema ya no pintan nada en la Unión Europea. El Pacto de Migración y Asilo de la Unión, aprobado en 2024, no rompió con esa tendencia, la institucionalizó. Pero lo que empieza a partir de ahora –en junio de 2026– es la aplicación real del acuerdo suscrito por las naciones europeas. En junio el pacto deja de ser mera teoría y empieza a afectar de verdad a los territorios fronterizos y alejados de las capitales continentales, como Canarias.
Europa no quiere más........
