Deconstruir el Ministerio Público
Jacques Derrida advertía con lucidez implacable en su célebre texto Force de loi: Le «fondement mystique de l'autorité» (Fuerza de ley: el «fundamento místico de la autoridad»), publicado en 1990, que toda institución jurídica es “deconstruible” precisamente porque antes fue construida por manos humanas. Detrás de sus edificios coloniales, sus sellos de pie de firma, sus resoluciones solemnes y sus credenciales doradas no ha existido un orden sagrado ni natural. Lo que habita allí adentro es un tinglado terrenal de decisiones oscuras, silencios calculados, jerarquías cómplices, intereses subalternos y feroces relaciones de poder.
Deconstruir, por tanto, no significa dinamitar a ciegas ni entregarse a la anarquía revanchista. Consiste, en rigor, en desarmar pieza por pieza ese engranaje perverso para dejar al desnudo qué vigas podridas lo sostienen y comprender por qué un aparato concebido constitucionalmente para defender a la sociedad terminó devorado por la degradación moral y corporativa.
Precisamente esa autopsia institucional es la que Bolivia debe aplicar de inmediato al Ministerio Público, pues sería ingenuo y mezquino reducir este colapso terminal a los escándalos que hoy sacuden al país. En efecto, los procesos penales que cercan a la anterior cúpula fiscal, con un exfiscal general y fiscales departamentales, entre otros, procesados penalmente y con detención preventiva revisten una gravedad inocultable. Sus responsabilidades deberán ventilarse en una investigación en el marco del debido proceso, con pruebas y bajo las garantías procesales que ellos mismos tantas veces negaron al ciudadano común. Sin embargo, el........
