Los terremotos no pueden evitarse, pero sus consecuencias sí pueden reducirse
En el presente, nadie pone en duda las relaciones entre los desastres, el equilibrio del medio ambiente, el desarrollo de los países y su sostenibilidad. El caso específico de los terremotos no solo causa pérdidas humanas, sino también daños económicos significativos debido al deterioro de la infraestructura pública y de las construcciones privadas, lo que impacta negativamente en el progreso de los pueblos afectados. En 1910, la Sociedad Sismológica de América identificó tres aspectos fundamentales del evento sísmico: el terremoto en sí —momento, ubicación y características—, el movimiento del terreno asociado y su efecto sobre las construcciones. Los dos primeros aspectos representan la peligrosidad o amenaza sísmica en una zona y periodo determinados, mientras que el tercero se vincula a la vulnerabilidad, entendida como la susceptibilidad de las construcciones a sufrir daños ante fenómenos desestabilizadores, ya sean de origen natural o antropogénico.
Algunos estudios amplían el concepto para incluir no solo las obras, sino también a toda la comunidad. El riesgo sísmico, en términos generales, se define como una medida de las pérdidas potenciales (económicas, sociales, ambientales, etc.) que los sismos pueden ocasionar en un periodo de tiempo determinado. Técnicamente, el riesgo sísmico resulta de la interacción de las dos variables principales: la amenaza y la vulnerabilidad. Es esencial distinguir entre amenaza y riesgo. En resumen, la amenaza sísmica describe el potencial del fenómeno —como la intensidad de sacudimiento y la frecuencia de ocurrencia— que puede dar lugar a consecuencias adversas para la sociedad y sus obras de infraestructura. El riesgo sísmico, por su parte, cuantifica la probabilidad de ocurrencia de esas........
