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Jeanine: la pedagogía de los errores

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Las crisis políticas siempre dejan lecciones. Algunas son de fácil comprensión; otras, más sutiles. Pero todas cumplen una función pedagógica: dejan enseñanzas. En ese sentido, el gobierno de Jeanine Añez, más allá de su carácter transitorio, dejó varias lecciones a los políticos del campo antievista y antimasista.

Ahora, una cosa es asimilar la lección y otra, claro muy distinta, es ser necio y volver a cometer los mismos errores. Estos, que fueron fatales, acabaron abriendo las puertas para el pronto retorno del MAS al poder. Si Rodrigo Paz comete los mismos errores, puede dar paso también al rápido retorno, en otras versiones, del MAS y el evismo.

El gobierno de Añez, luego de una enorme expectativa después de pacificar al país, acabó traicionando a la movilización ciudadana que propició la salida de Evo Morales, después de 21 días de lucha y resistencia en las calles; logrando la renuncia del caudillo que durante 14 años había ejercido el poder de modo discrecional y autoritario.

Fue una traición vil al movimiento ciudadano que se alzó en las calles, demandando un cambio radical en la forma de hacer política. Es decir, un cambio sustancial en lo político; recuperando su esencia, después de tanto abuso y corrupción del régimen azul.

Quizá no ella -que con su inocencia luego terminaría en prisión-, pero sus estrechos colaboradores, con inusitada premura, comenzaron a beneficiarse de los fondos públicos. En todos los ministerios y empresas estatales estratégicas, como Entel, YPFB y Ende, se reciclaron viejos ladrones fiscales. Como los azules, los Demócratas, comenzaron a beneficiarse en todas las compras estatales. Desde gases lacrimógenos hasta barbijos.

Como se decía en las calles, “ni bien tomaron el poder, a los cinco minutos comenzaron a robar”. La compra de inservibles respiradores con enormes sobreprecios en plena crisis de la pandemia, fue algo absolutamente inverosímil e imperdonable. Habían sido más corruptos que los propios masistas, quienes hicieron de los sobreprecios una práctica cotidiana.

La movilización ciudadana jamás había imaginado aquello: la salida de una oligarquía corrupta, reemplazada por otra élite de la misma calaña. Con voraz apetito, en pocos meses, quisieron robar lo que Evo Morales y el MAS robaron en 14 años. La figura de Arturo Murillo es emblemática, corrobora fehacientemente estas afirmaciones.

Del gobierno de Añez, la sociedad esperaba básicamente tres cosas: pacificar el país, restablecer la institucionalidad democrática y conducir una transición ordenada. No se trataba de inaugurar un nuevo ciclo político ni de construir un proyecto de poder de largo plazo. Si bien el mandato era sencillo, históricamente tenía trascendental importancia.

Sin embargo, al poco tiempo, sus colaboradores, adictos ya a la cosa pública, la convencen para que sea candidata, quizá con la idea de que podía ganar, pues en ese momento gozaba de altos grados de credibilidad. El desvío, a juzgar por los resultados, fue fatal.

Cerca de las elecciones, su candidatura ya no tenía ninguna posibilidad real de competir. Por el contrario, su pésima gestión —asociada a escándalos de corrupción y evidente incapacidad— terminó contribuyendo decisivamente al retorno del MAS al poder, a la cabeza de Luis Arce.

Ese retorno, más que por la fortaleza o capacidad organizativa del MAS, en gran medida, fue propiciada por los errores, la incapacidad y la corrupción del “gobierno de derecha”. Todo eso facilitó el retorno del partido azul y su oligarquía, que apenas un año antes habían dejado el poder. Acá se puede observar la magnitud de la traición. Con esa traumática experiencia, la sociedad civil, más adelante, difícilmente podrá movilizarse como en la crisis de octubre del 2019.

Luego, a la conclusión de los últimos cinco años del gobierno del MAS, por lo infame que significo el régimen, pues terminó destrozando todo, desde la economía hasta las instituciones; se abre nuevamente el espacio para el retorno de un nuevo gobierno. Algunos dirían, “el retorno de la derecha”.

Con renovadas expectativas, se abre un nuevo escenario. El gobierno de Rodrigo Paz, tiene la oportunidad de enterrar el pasado y cambiar profundamente la forma tradicional de hacer política, después de dos décadas de hegemonía absoluta del MAS.

Obviamente, debe ser un gobierno con la capacidad mínima de aprender de los errores del pasado. Las lecciones del gobierno de Añez están ahí, a la vista de todos. Esa experiencia mostró con claridad cómo una oportunidad histórica puede dilapidarse cuando la corrupción, la incapacidad y la incompetencia, transversalmente, están presentes en la gestión del nuevo gobierno, que prometió cambio.

Luego de los primeros 120 días de gestión, con dos “mega escándalos”, comienzan a advertirse señales inquietantes de que nada habría cambiado. El caso de las 32 maletas, el secreto y la poca transparencia en su manejo dejan señales preocupantes. Asimismo, el gran conflicto provocado por la “gasolina basura” pone de manifiesto una enorme incapacidad. No es sabotaje, es manifiesta incompetencia. Ojalá que también no sea con corrupción.

Estos errores están impulsando: la rearticulación del masismo y el evismo, bajo nuevas variantes.

Conviene recordar la lección. Cuando se desperdicia una oportunidad, la historia cobra factura. Si el nuevo gobierno no cambia la forma de hacer política, el retorno del evismo y el MAS, en sus nuevas versiones, dejará de ser una posibilidad para convertirse, otra vez, en una consecuencia.

(*) El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón

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