El funeral de la hegemonía y el carnaval de los caudillos
Todo indica que la hegemonía llegó a su fin. Y como todo cadáver político en Bolivia, no descansa: es devorada. Sobre sus restos se abalanzan caudillos urbanos y franquicias regionales que no buscan gobernar; lo urgente es sobrevivir. La gestión pública deja de ser proyecto para convertirse en botín inmediato.
Bolivia empieza a parecerse menos a un país y más a un archipiélago. Un conjunto disperso de intereses locales que ha pulverizado el mando central y ha dado paso a un mosaico de 59 agrupaciones ganadoras en las elecciones subnacionales. Como advierten análisis recientes, entre ellos el de Rodríguez Boudoin, el territorio fue literalmente descuartizado.
Nuestra realidad política es explosiva: Bolivia es, hoy más que nunca, inherentemente local y policéntrica. Los grandes relatos ideológicos han perdido........
