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Bolivia busca inversionistas: abstenerse alérgicos a la incertidumbre

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16.08.2026

Bolivia necesita inversión nacional e inversión extranjera directa (IED) si quiere cambiar cualitativamente su patrón de desarrollo y abandonar, algún día, esa entrañable costumbre de esperar que aparezca otro recurso natural debajo de una piedra para financiar las próximas décadas. Hemos pasado de la plata al estaño, del estaño al gas y, cuando el ciclo se agota, miramos nuevamente al subsuelo con la esperanza de que la Pachamama se apiade de nosotros. Pero el desarrollo moderno funciona de otra manera: productividad, innovación, tecnología, conocimiento, empresas y capital humano. Y para eso necesitamos inversión de calidad.

Conviene, sin embargo, comenzar con una pequeña herejía jurídica: la inversión no llega porque una ley declare solemnemente que queremos inversión.

El capital busca algo bastante menos romántico: ecosistemas de confianza y previsibilidad. Seguridad jurídica, estabilidad macroeconómica, acceso a divisas, energía confiable, instituciones capaces de procesar conflictos sin convertir cada carretera en una trinchera portátil de la lucha de clases, sostenibilidad ambiental, capital humano de calidad y estabilidad política. Una buena Ley de Inversiones es necesaria, por supuesto, pero es apenas una pieza de ese ecosistema.

El inversionista no aterriza en Bolivia con la Gaceta Oficial debajo del brazo y un cheque de 500 millones de dólares en la maleta. Antes hace preguntas bastante pedestres: ¿podré producir?, ¿podré importar insumos?, ¿habrá electricidad, diésel y gasolina?, ¿encontraré trabajadores calificados?, ¿podré acceder a dólares?, ¿mis contratos serán respetados?, ¿qué ocurre si tengo una controversia con el Estado? Y, detalle menor para algunas almas revolucionarias pero curiosamente importante para quien pone el dinero: ¿podré recuperar legítimamente mi capital y mis utilidades?

Por eso, el primer desafío es comprender la integralidad del problema. Bolivia no necesita solamente una ley favorable a la inversión: necesita convertirse en un país invertible y con un norte de desarrollo. Una cosa es invitar al capital; otra muy distinta es tener la casa en condiciones para que quiera quedarse.

Software nuevo, hardware antiguo. Aquí aparece mi primera observación general al proyecto de Ley de Inversiones: su consistencia con la Constitución Política del Estado.

Para ponerlo gráficamente, estamos intentando instalar un software relativamente nuevo y proinversión sobre un hardware constitucional, marca Quipus,........

© El Deber