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03.01.2026

No escribí durante un año. No por falta de palabras —eso nunca—, sino porque el cuerpo me pidió silencio. Y cuando el cuerpo habla, conviene escucharlo.

Ocho años escribiendo cada semana dejan huella. En los dedos, en la cabeza, en el ritmo interno. Y a veces también dejan cansancio. No del oficio —ese sigue siendo un privilegio—, sino de la exigencia de estar siempre ahí, opinando, interpretando, poniendo orden donde casi nunca lo hay.

El receso no fue solo descanso. Fue también supervivencia. Consultas médicas, diagnósticos, quirófanos, pasillos largos, noches que se estiran más de la cuenta. Un año que me obligó a cambiar la agenda periodística por el calendario clínico, por la bitácora hospitalaria. Las certezas por la........

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