Cuando las máquinas nos consuelen
Confieso una herejía televisiva: ya no tengo paciencia para las series largas. No siempre fue así. Pertenezco a una generación que creció con telenovelas de doscientos capítulos y radionovelas donde una puerta demoraba tres semanas en abrirse. No existía el botón para adelantar escenas ni plataformas para devorar temporadas completas durante un fin de semana. Había que esperar. Y la espera formaba parte de la historia.
Quizás por eso, ahora que la oferta audiovisual parece infinita, me inclino por las series limitadas. Seis capítulos. Ocho, como máximo. Ya no tengo edad —ni atención suficiente— para comprometerme con siete temporadas, cuarenta personajes secundarios y una trama que se estira como bloqueo de caminos en un país-tranca.
Por eso terminé viendo los seis episodios de Futuro desierto, la miniserie mexicana de Netflix, creada por los argentinos Lucía y Nicolás Puenzo.
La serie nos traslada a un futuro que, para ser honestos, ya comenzó. Un psicólogo llega con su familia a una comunidad aislada de Chiapas para probar androides diseñados para convivir con seres humanos. Entre ellos aparece María, una androide creada a partir de la personalidad de su esposa fallecida: una presencia artificial destinada a ocupar una ausencia real.
Allí comienza un experimento para integrar........
