EXITOINA
Hace unos años, el recordado escritor uruguayo Eduardo Galeano, un verdadero pensador urbano amante del fútbol, cercano a lo popular y rebelde con causa, hacía un análisis respecto de las diferencias entre Diego Maradona y Lionel Messi. Su conclusión no se basaba en mediciones, ya que la vida no se sostiene ni en mediciones ni rankings, sino en el recorrido personal, en el origen, entorno y otros condimentos que le permitieron afirmar que Maradona era un personaje irrepetible más allá del juego, cuya actitud lo llevó a ser un “Dios”, un “Dios sucio” tan terrenal como necesario.
De allí que la tormentosa vida “del Diez” marcada por la pobreza; la gloria; la caída y la eternidad de un mito, podía explicarse desde la “EXITOINA”, una droga mucho más peligrosa y difícil de dominar que cualquier otra que Diego haya consumido y sufrido.
La EXITOINA es una adicción al éxito y a la conquista, a sostener una popularidad que agobia pero que a la vez seduce, haciendo perder el punto de referencia hasta que en el triste final, quien la consume termina siendo víctima de su propia gloria.
Pero la EXITOINA no........
