Vía muerta
23 de marzo 2026 - 03:08
Si no fuera porque el ministro Óscar Puente tiene espalda ancha para aguantar y toda la tecnología de alta velocidad se ha invertido en la suya para tuitear, los retrasos estructurales de los trenes, las incidencias técnicas recurrentes y las averías que se repiten le habrían costado el puesto ya. Como yo creo que debería haber dimitido antes de ser nombrado, no insistiré en pedirla.
Se habla de unas infraestructuras tensionadas y se presume de inversión histórica, que tiene tela sin presupuestos, y mientras tanto el viajero pierde enlaces, citas médicas, jornadas de trabajo y la paciencia. La modernización del Gobierno es la megafonía pidiendo disculpas, hasta que llega Puente y amenaza con reventarte la cabeza, parece.
El Gobierno se escuda en informes técnicos que aconsejan prudencia, limitaciones, restricciones de circulación. Nadie discute la seguridad, faltaría más, pero la tragedia de Adamuz no ocurrió por un viento fuerte y al talud de Álora se lo llevó la lluvia, lo que no dice mucho de previsiones rigurosas. La seguridad no puede ser un escudo retórico para justificar el mal funcionamiento crónico que ya venía de antes. Adamuz y Álora son consecuencias, no causas.
El problema no es una avería puntual. Es la acumulación. Es la sensación de que las cifras reales se fragmentan, de que los datos se presentan agregados, de que las responsabilidades se diluyen en un ecosistema público donde todo depende de todos y, por tanto, de nadie. Se anuncian miles de millones, la adecuación de tramos, la colaboración infinita y se multiplican titulares. Pero lo esencial –que el sistema funcione con regularidad, transparencia y responsabilidad– queda siempre relegado.
Renfe y Adif no son empresas privadas compitiendo en el mercado. Son estructuras públicas sostenidas por todos. Y cuando lo público falla sin consecuencias claras, lo que se deteriora no es solo el servicio, sino la confianza. Aquí no funciona y al político teóricamente responsable le preocupa más llamar facha al que se queja.
Yo no pido milagros, pido verdad. Datos completos. Responsables identificables. Planes verificables. Si la ineficiencia se normaliza y la información se administra para capear el temporal, el retraso no es ferroviario. Estos tipos averían el país y lo paran. Y así no llegamos.
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