Cuatro semanas para votar
20 de abril 2026 - 03:08
Un mes queda en Andalucía. Y toda España mira. Seamos claros. No hay duda alguna de que Juanma Moreno revalidará el puesto. Ganará con claridad, porque la gente premiará gestión, pero, sobre todo, estabilidad y crecimiento tranquilo; sin mal rollo, gobierno sin soberbia. El PSOE (a costa de sus siglas, tomadas por esto de ahora, Sánchez & friends, el desastre Montero), pozo profundo: más allá de si finalmente mantiene los pírricos 30 escaños, pierde un par de ellos más, o se precipita cerca de las dos docenas, un paso más hacia una reconstrucción imprescindible después de Sánchez. La izquierda a su izquierda quedará en su horquilla de irrelevancia, pero ofrece, al menos, con toda mi discrepancia respetuosa, dignidad argumental y estilo constructivo con Maíllo, ciertamente el más capaz si ese universo pudiera desembarazarse del efecto infeccioso del huésped Sánchez. Y está Vox, cuestión, en mi opinión, crucial. Si queremos que toque bola o no. Yo no. La cuestión no es quien gana. La cuestión para mí es que gane claro. Sin turbios que, al poco, lastran y, desde el inicio, avergüenzan.
Si no fuera por el espantoso reflejo que devuelve el sanchismo, la socialdemocracia española estaría peleando el gobierno con fuerza a la derecha moderada y Vox sería una anécdota. El destrozo que Sánchez procura al centro-izquierda ideológico español, posición mayoritaria del ciudadano medio (liberal sin exagerar en lo económico, progresista y abierto en lo social) es que no se identifique ahí. Sánchez solo aspira a ser segundo con opciones si suma todo desecho extremo. Lamentable. Muchísimos en ese nicho central jamás nos dejamos seducir y otros muchos lo han abandonado felizmente tras cualquier mentira, de los centenares a elegir de cualquier día de su mandato. Quienes nunca fueron centrales tienen relato ante el disparate que representa y crece el discurso radical que Sánchez alienta, Vox, para deteriorar el centro posible y conveniente. Mi voto, como el de muchos, será un préstamo (siempre lo es, no obstante). En Andalucía votaré muy a favor de lo que hay, porque, con sus carencias y problemas, me satisface, particularmente porque no me engaña ni me trata como un idiota. En España, cuanto antes, espero que sea la última vez que vote en contra de alguien en lugar de a favor de algo.
Toda España mira, dije al principio: que vea.
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