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Bloques

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16.03.2026

16 de marzo 2026 - 03:09

Cuando hay elecciones retraso mi entrega del artículo, aunque me gusta escribir a modo de porra que luego se verifica, y me reservo el derecho, consentido por la dirección, para remitirlo con el voto escrutado a un nivel que no presagie cambios. Solo por si. Esta vez no. Me dan igual los resultados. En Castilla y León habrán arrojado una mayoría clara del PP, pero alejada de la absoluta; una derrota más del PSOE (cualquier otra cosa sería una sorpresa, porque no tocan poder desde hace 40 años); más Vox, pero menos llamativo que en otros lugares; y una presencia destacable de partidos locales, Soria y quizá Ávila, solvencia casi idéntica de UPL, con cuya causa principal simpatizo, León y su Reino es de justicia y gobierno; y la anécdota risible del resto, universo podemos sumar, empeñada en ser un rotundo cero a la izquierda. Es decir, mismos bloques: hartura del sanchismo moribundo, conectado a la asistencia, y consecuente necesidad para despacharlo, de Vox.

Lo curioso es que se perdió una oportunidad. El candidato socialista, conocido en Soria, ciudad de la que es alcalde largo (y lo es por ganar mayorías, lo que habla bien de él) y menos conocido, pero no menos cierto, por no ser sanchista (ni de primera hora ni converso, sin la fe de amartillar herejes, por tanto) propuso que quien gane, gobierne, sin más (y sin zorrocotrocos, esto lo digo yo, ni radicales de derecha ni radicales de izquierda). No es pionero: Feijóo ya propuso en las elecciones que ganó (y Sánchez perdió, insistamos) ahorrarnos disgustos si los dos grandes pactaban facilitarse el paso y el gobierno a quien ganase. Sánchez sabía que no ganaba ni a las canicas, pero contaba con la falta de vergüenza suficiente para pactar con tantos diablos como escaños que sumasen 176. Ni flores. Ahora, el PP, astuto como una paloma, que sabe que gana, no dijo sí. Error. De haberlo dicho, habría introducido en el discurso político la importancia del acuerdo de los grandes, los centrales, los normales, y desinflado el ruido penoso del peso artificial de tanto iluminado y tanto bravucón. Y, de paso, caminito a la nueva, y espero rápida, derrota estrepitosa de Sánchez, sin que se parapete en un “no pasarán” tan falso como el “no a la guerra”.

Bloquear sus bloques sería un discurso magnífico.

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