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Heroínas del espacio

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07.03.2026

Cartel del Simposio "ArquitectAs, redefiniendo la profesión”. Nuria Álvarez Lombardero. / El Correo

Si te pregunto si sabes el nombre de alguna arquitecta conocida, ¿cuántas dirías?, ¿cuántas españolas?, ¿que hayan construido o rehabilitado edificios en solitario?, ¿y cuántas arquitectas urbanistas que hayan dirigido algún plan de urbanismo?, ¿alguna en Andalucía? Son preguntas difíciles. Incluso entre las arquitectas nos costaría encontrar las respuestas. De hecho, a la última pregunta yo sólo podría responder con nombres de arquitectos: ninguna arquitecta andaluza -que yo sepa- ha firmado un plan urbanístico en Andalucía. Los nombres son lo de menos. Lo grave es que ninguna ciudad ni municipio de Andalucía (y no sé si de España) cuente con un Plan General dirigido por -y con la mirada de- una mujer.

La mujer no siempre ha estado al margen de la organización del lugar donde vive. En su libro Heroínas del espacio, Carmen Espegel hace una maravillosa aproximación al papel que ha tenido históricamente la mujer en la construcción de su propio hábitat desde los primeros asentamientos preurbanos, y se detiene en cuatro arquitectas de la Bauhaus a la sombra de los maridos arquitectos, a los que se les atribuyen muchas de sus obras: Eileen Gray, Lilly Reich, Margarette Schütte-Lihotzky y Charlotte Perriand. Leí Heroínas del espacio casi al final de la carrera, hace más de 20 años. Hasta entonces no había tomado conciencia de todo esto. Había normalizado no haber tenido ninguna profesora arquitecta en nueve años de carrera, y muy pocas referentes: Carme Pinós, Lina bo bardi, Zaha Hadid o Kasuyo Sejima. Aún sigo notando una gran carencia de referencias femeninas en los listados de obras arquitectónicas que se estudian en los talleres de las Escuelas de Arquitectura.

Lo grave es que ninguna ciudad ni municipio de Andalucía (y no sé si de España) cuente con un Plan General dirigido por -y con la mirada de- una mujer

Lo grave es que ninguna ciudad ni municipio de Andalucía (y no sé si de España) cuente con un Plan General dirigido por -y con la mirada de- una mujer

En vísperas del 8 de Marzo merece la pena nombrar a algunas arquitectas españolas que dirigen sus estudios y que para mí son referentes no sólo por esto, sino también por la ejemplaridad en su gestión urbanística o en sus obras de edificación, rehabilitación o paisaje urbano. Todas tienen en común que piensan y proyectan la arquitectura y el urbanismo priorizando la escala humana y el uso cívico de los espacios. Un ejemplo es la arquitecta Lola Domenech, que ha convertido el Paseo de Sant Joan, en Barcelona, en un espacio público inclusivo, integrando la vegetación (fue mi gran referencia en el diseño de la reurbanización de la Avenida El Greco, en Sevilla). También valoro el trabajo de Izaskun Chinchilla, que pone los cuidados, la artesanía y el reciclaje en el centro de sus diseños arquitectónicos (como cuenta en su libro La ciudad de los cuidados). Y a Itzíar González, urbanista y activista implicada en el feminismo y el ecologismo, cosa que le ha llevado a enfrentarse con grandes lobbies de la especulación inmobiliaria.

Por suerte hay muchas arquitectas en nuestro país, aunque no es fácil encontrar nombres que lleven el timón de su propio estudio de arquitectura o urbanismo, que es para lo que la mayoría de nosotras nos formamos durante la carrera

Por suerte hay muchas arquitectas en nuestro país, aunque no es fácil encontrar nombres que lleven el timón de su propio estudio de arquitectura o urbanismo, que es para lo que la mayoría de nosotras nos formamos durante la carrera

Por suerte hay muchas arquitectas en nuestro país, aunque no es fácil encontrar nombres que lleven el timón de su propio estudio de arquitectura o urbanismo, que es para lo que la mayoría de nosotras nos formamos durante la carrera. Lo paradójico es que hace décadas que las aulas de las Escuelas de Arquitectura están repletas de mujeres -ya superan el 50% de alumnado-, y terminan la carrera con mejores resultados. ¿Qué es lo que pasa después? Mi experiencia es que una vez que salimos de la escuela, la profesión no nos lo pone fácil (a ninguno, pero a nosotras menos). Es muy complicado dirigir tu propio estudio, y casi imposible si quieres tener hijos y no cuentas con un socio en el estudio que te cubra los meses y días más complicados de la crianza. Ante las horas extras diarias que significan mantener un estudio de arquitectura, o la inestabilidad profesional de las autónomas, los viajes, el estrés que exigen las obras y los honorarios que no cumplen los mínimos del convenio, muchas compañeras tiran la toalla cuando son madres. Yo misma estuve a punto de hacerlo en los primeros tres años de mis hijos. Pasé jornadas sin dormir para conciliar la maternidad y la consultoría de urbanismo. He cambiado pañales o dado el pecho en lugares inhóspitos y ante la mirada atónita de gestores públicos o constructores (casi nunca había una mujer). He tenido que disimular mi embarazo con ropa ancha y negra cuando estaba a punto de firmar algún encargo por miedo a perderlo, incluso habiendo ganado una licitación o concurso público. Y es que los proyectos, sobre todo si son de urbanismo, dependen -por desgracia- de los espacios de poder, que siguen siendo mayoritariamente masculinos: gerentes de urbanismo, alcaldes de ayuntamientos o grandes empresarios, cuya voluntad y (vientos políticos) está por encima de lo demás.

Necesitamos más mujeres en el diseño y planificación de las ciudades, y no sólo porque necesitemos miradas más inclusivas en la ciudad y en los entornos laborales, sino porque somos necesarias para que otras que vengan detrás vean que es posible

Necesitamos más mujeres en el diseño y planificación de las ciudades, y no sólo porque necesitemos miradas más inclusivas en la ciudad y en los entornos laborales, sino porque somos necesarias para que otras que vengan detrás vean que es posible

Como mujer, colarse ahí es muy complicado y requiere muchos sacrificios, situaciones incómodas y convertirte casi en una heroína. Si además expones cuestiones como la arquitectura de los cuidados o el urbanismo feminista, puedes encontrar respuestas muy hostiles, y en el mejor de los casos neutras. No me extraña que la mayoría de las arquitectas, aunque sean muy talentosas, busquen entornos más seguros y estables. Por eso, las que no emigran y resisten en nuestro país, deciden estudiar unas oposiciones, hacer carrera docente (aunque casi ninguna alcanzará puestos de dirección de departamentos y menos una cátedra) o trabajar “para otro” como asalariada. Aún queda mucho para la igualdad en esta profesión. Necesitamos más mujeres en el diseño y planificación de las ciudades, y no sólo porque necesitemos miradas más inclusivas en la ciudad y en los entornos laborales, sino porque somos necesarias para que otras que vengan detrás vean que es posible. Necesitamos más referencias femeninas en los contenidos universitarios: no podemos seguir a la sombra. Necesitamos que los Colegios de Arquitectos trabajen para que el derecho a la conciliación sea real. Necesitamos también que los espacios de poder no se interpongan en concursos o licitaciones públicas. Que haya paridad en los equipos de trabajo, en los gobiernos y en los departamentos. En definitiva, que no tengamos que ser heroínas para poder participar en la misma medida que ellos en el diseño de las ciudades donde nosotras también vivimos.


© El Correo de Andalucía