Por qué hay que mirar al futuro con optimismo
Haga el experimento: pare a alguien por la calle y pregúntele cómo viene el futuro. Salvo que se cruce con un legendario optimista, la gran mayoría de sus encuestados responderán que, naturalmente, mal. No le faltarán razones. Desde la pandemia el mundo ha tendido a la locura: habitacional, consumista, geopolítica, todo eso al margen de las cuitas personales de cada uno. El consenso, animal exótico, aquí prueba su existencia. Estamos muy de acuerdo en que el mundo va mal y, lo peor, por venir. Pero, ¿alguna vez estuvimos de acuerdo en que iba a mejor?
El pasado siempre gozó de mejor prensa. No en vano, elimina la mayor angustia del futuro: la incertidumbre. ¡Adanismos! Puede parecer que el apretón de manos entre la nostalgia y el apocalipsis sea signo de nuestro tiempo (no en vano adoramos los triunfos del siglo XX y nos recreamos en las derrotas del XXI), pero es más viejo que la tos. ‘¡O tempora, o mores!’ ("oh tiempos, oh costumbres")........
