Fantavirus, cuando la enfermedad viral es la psicosis
Mejor que un epidemiólogo, Stephen King entendió que el terror más eficaz e inquietante nunca expone al monstruo. Lo sugiere. Y en ese espacio entre la insinuación y la imaginación gobierna el género entero del horror, incluido el periodístico. Un ratón en la Patagonia, infectado o simplemente asustado, alcanza tendencia global antes de haber terminado de morirse. La noticia no viaja. Galopa.
La crisis del hantavirus recuerda por momentos a The Terror, aquella expedición perdida en el hielo donde la tripulación acababa devorada menos por el monstruo que por la sugestión, el aislamiento y la paranoia. La serie fingía hablar de una criatura imposible, aunque en realidad describía algo bastante más reconocible.
El miedo como atmósfera. La sospecha extendiéndose por el barco mucho antes que la enfermedad. Los hombres deteriorándose alrededor de rumores, miradas y silencios. También aquí el peligro sanitario parece casi secundario frente a la ansiedad narrativa que lo acompaña. Un virus puede controlarse. La imaginación colectiva resulta bastante más difícil de aislar en cuarentena.
Fernando Simón pronunció "hantavirus" con la parsimonia de quien anuncia retrasos en Cercanías y en décimas de segundo se reactivó el sistema nervioso de una generación entera. No el miedo al roedor. El miedo al recuerdo. De aquella liturgia vespertina en que la rueda de prensa se convirtió en sacramento civil. Del gráfico exponencial........
