El croupier Sánchez gana hasta cuando pierde
Las derrotas parlamentarias del Gobierno engañan a los novatos y a los ingenuos porque no han comprendido que el sanchismo ha aprendido a alimentarse del escombro. El fracaso legislativo en materia de vivienda no deja a Pedro Sánchez desarmado, sino que le procura el insumo más cotizado de la política nacional: un culpable de repuesto a quien endosar la impotencia de la sociedad.
Es el contexto propiciatorio en que Sánchez, el croupier, baraja la bravuconada del adelanto electoral. Una manera de intimidar a los socios refractarios a los decretos, pero también de sondear los humores de la opinión pública en el asunto nuclear de la sensibilidad colectiva. La vivienda es la preocupación absoluta de los españoles, ya veremos si con suficiente espesor como para encubrir los desmanes de una legislatura abyecta y corrupta.
Impresiona la destreza casi mística en la capacidad del Gobierno para convertir la escasez en munición. La investidura reunió a Junts y Sumar con la misma lógica que unir un convento de clausura y una discoteca. La fricción entre la fe burguesa en la propiedad privada y el ardor intervencionista auguraba un desastre que la aritmética jamás iba a bendecir. La disparidad se conocía de antemano. El envío de los decretos al matadero del pleno no obedeció a la torpeza de un principiante, sino a un ajuste de cuentas con el relato.
La derrota en la votación le ahorra al Ejecutivo la fiscalización de sus........
