Tienes muebles feos en casa, pero quieres que tu Instagram sea bonito
En las novelas del siglo XIX, los pequeñoburgueses hacían esfuerzos extraordinarios por tener buenos muebles. En César Birotteau, Balzac retrataba el auge social del protagonista explicando simplemente que iba a comprar muebles nuevos. En Fortunata y Jacinta, para transmitir el grado de prosperidad y virtud de una casa, Galdós se limitaba a describir los muebles y los tejidos que había en ella.
Muchas décadas después de que se escribieran esas novelas, cuando mis padres se casaron, aún regía esa lógica: los muebles de tu casa describían quién eras y lo bien que te iba en la vida. Y ellos hicieron lo mismo que muchas otras personas de su generación que aspiraban a la categoría de pequeñoburgueses. Comprar muebles sólidos en los que mostrarían la tele y la vajilla y guardarían la cubertería y los manteles buenos que apenas usábamos. Y en los que también, con el tiempo, exhibirían las fotos de los pequeños triunfos de los hijos.
La desmesurada importancia de los muebles se debía, en buena medida, a que la gente tenía la costumbre de invitar a gente. Recibir era un pequeño arte que podía definirte socialmente. La casa, además de un hogar, era........
