España ha roto el consenso occidental sobre inmigración. La explicación es fácil
En marzo de 1998, cuando la Comisión Europea certificó que España cumplía las condiciones para entrar en el euro, solo un 1,5% de su población había nacido en el extranjero. Pero a partir de entonces, la inmigración aumentó a un ritmo asombroso. En buena medida, porque por primera vez en la historia teníamos acceso a créditos tirados de precio. Y José María Aznar y el empresariado asumieron que era necesaria una gran inyección de mano de obra barata para convertir el endeudamiento subsiguiente en crecimiento económico.
Pero hubo otra razón. En ese momento, en Occidente, había un fuerte consenso proinmigración. En 2001, George Bush repetía que los ataques del 11-S no debían generar rechazo a los inmigrantes. Poco después, Gerhard Schröder aprobó una ley que facilitaba la llegada de trabajadores extranjeros a Alemania. El Reino Unido de Tony Blair también abrió sus fronteras.
Al final de ese ciclo, en 2008, un 11,3% de los residentes en España había nacido en el extranjero y había consenso en que era una cifra sana. Pero luego llegó la crisis financiera y todo cambió.
A partir de 2008, no solo dejó de llegar inmigración a España, sino que una parte de la que había venido se marchó. Cuando, en 2015, estalló la........
