La extrema izquierda no existe
Dicen los físicos que el vacío nunca lo está del todo, que es dinámico. En el vacío aparecen y desaparecen campos magnéticos, partículas virtuales y pequeñas vibraciones de energía. Algo así está pasando en la izquierda a la izquierda de la izquierda, a la que más que un nombre a este paso hay que buscarle un epitafio. A ver, vacía del todo no está. No es la nada total. Algo hay ahí. Están los restos de Sumar y Podemos, Gabriel Rufián y algún que otro átomo suelto. Serán partículas sueltas, pero cero procuradores en Castilla y León se parece mucho a la nada.
"Los espacios vacíos no son beneficiosos", decía ayer Antonio Maíllo. El coordinador federal de IU, con cada vez menos por coordinar, reconocía así que haber, lo que se dice haber, sigue sin haber nada. Está presionando para que se elija un líder que suceda a Yolanda Díaz cuanto antes, para evitar "el vacío". O, mejor dicho, para ponerle cara. Maíllo ha admitido que sí tiene un candidato, pero no ha querido desvelarlo. Así que no existe todavía.
El batacazo en las elecciones de Castilla y León, que ha dejado sin procuradores a Sumar, IU y Podemos, es el enésimo recordatorio de que en los últimos diez años han pasado de asaltar los cielos al purgatorio. La coalición de IU y Movimiento Sumar obtuvo en las últimas elecciones autonómicas el 2,2% de los votos, que puede parecer poco. Pero es más del doble que Podemos, que sacó el 0,74%. Multiplicar el vacío es complicado.
Tiene su gracia que desde la izquierda se le llame espacio a este vacío menguante. A la izquierda del PSOE hay un hueco lleno de siglas. Ese montón de partículas que refundaron su alianza el pasado 21 de febrero en un acto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Porque no hace falta llenar los espacios, siempre se pueden refundar. Aunque con tanto huérfano en la izquierda, en vez de un partido parece que van a montar una inclusa.
Ese espacio sin nombre, ni líder ni programa reúne a IU, Más Madrid, Comunes y Movimiento Sumar. Siguen menguando en cada cita electoral, pero ahora están haciendo un esfuerzo por marcar un perfil propio. Y mientras el Gobierno del que forma parte Sumar trabaja a contrarreloj para cerrar las medidas anticrisis que pretende aprobar este viernes, Sumar critica que las ayudas lleguen tan tarde, se queden cortas y siguen a vueltas con los topes del alquiler.
Hacer algo de ruido es lo más parecido a existir, para el espacio sin nombre. Pero en medio de la refundación se enfrentan a una peligrosa disyuntiva de la que seguramente dependa su existencia: si no logran imponer sus propuestas al ala socialista del Gobierno (como la prórroga de los 300.000 contratos de alquiler que ahora vencen y toca renegociar), se mostrarán inútiles. Y, si lo logran, el PSOE podría apropiarse de la medida ahora que ni siquiera está clara de qué solapa se la puede colgar ese espacio vacío.
Al final no va a hacer falta ponerle nombre porque a este paso desaparecen. A ver si esto por lo menos tranquiliza por fin a todos los que llevan años dando la tabarra con que se les llame extrema izquierda, igual que a Vox se le llama extrema derecha. ¿Extrema izquierda? ¿Hay alguien ahí?
La extrema izquierda se revuelve entre sus cenizas, consciente de su riesgo de desaparición, mientras los únicos que engrandecen su presunta existencia, otorgándoles un protagonismo que solo los ateos conceden a Dios, son los que desde la derecha reivindican la etiqueta. ¿Hay alguien ahí? No lo saben ni ellos. Por más que el vacío sea dinámico y no exista la "nada", la izquierda está a un par de disputas más de desafiar las leyes de física y desaparecer del todo.
