Barcelona no es Tijuana ni Ciudad Juárez
Seis homicidios y treinta tiroteos en seis meses. Tres ejecuciones en la vía pública en dos semanas. La última, perpetrada enfrente de una comisaría del centro de la ciudad y con el sicario a cara descubierta, como si dispararle a alguien en la cabeza equivaliese a un día más en la oficina.
Barcelona no es Ciudad Juárez, ni Tijuana. Pero tiene un problema de lo más serio -¡y creciente! - con la delincuencia organizada, las mafias que controlan la industria de la droga y la importación de la cultura del ajuste de cuentas más radical: el asesinato a sangre fría.
Quedan lejos los tiempos en los que en la capital catalana la movilización social combustionaba ante cualquier asesinato que no fuera de orden pasional. Eran otros tiempos. Que los tiroteos hayan devenido en algo habitual explica parte del adormecimiento y la resignación del presente. A ello hay que añadir que, de momento y por decirlo de un modo entendible, los malos se disparan y se matan entre ellos.
Esto último no es menor. Sitúa a la mayoría ciudadana, aunque sea mediante un espejismo, al margen de los acontecimientos. Se comparte calle y barrio con criminales y, de vez en cuando, con cadáveres. Pero se cree falsamente que nada de eso tiene que ver y tampoco afecta a la gente de bien.
Como si estuviéramos ante dos sociedades que coinciden en el lugar y el tiempo, pero sin intersecciones entre ellas. Pero es mentira. Pues cuando se degrada hasta este punto el espacio público, la factura, abultada, la paga todo el mundo. Pero es este un mecanismo de protección entendible.........
