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El 'superdomingo' electoral que conviene al PSOE

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05.03.2026

Nada más acabar el discurso institucional de Pedro Sánchez en el que le declaró la ‘guerra política’ a los Estados Unidos, el PSOE colgó en sus redes sociales un cartel que le acompañará en los próximos meses: "No a la guerra". Es la impostura y el fingimiento de quien, en realidad, sólo estaba buscando un lema electoral para afrontar las elecciones generales con garantías de movilización de su electorado, con lo que en los días sucesivos vamos a comenzar a ver pegatinas y chapitas del ‘No a la guerra’, manifiestos en los periódicos de los artistas ‘abajofirmantes’ y manifestaciones los domingos por la mañana.

Y si el Partido Popular, como suele, convierte la maniobra electoral de Pedro Sánchez en un objeto de protesta contra la derecha española, entonces veremos también concentraciones de protesta ante las sedes del Partido Popular, con pancartas de Aznar y Feijóo con colmillos draculinos y babas de sangre. Es decir, exactamente lo que ha pretendido el presidente Pedro Sánchez con su declaración de guerra política contra Donald Trump, sin importarle nada que su estrategia electoral pueda tener consecuencias negativas, pequeñas o grandes, para los intereses de la sociedad española.

#NoALaGuerra pic.twitter.com/wu2kAS9FMf— PSOE (@PSOE) March 4, 2026

#NoALaGuerra pic.twitter.com/wu2kAS9FMf

La contundencia de esta afirmación sobre el interés meramente electoral de Pedro Sánchez -una vez más, un país al servicio de una persona- se comprueba con sólo observar la reacción del presidente español y la de los otros primeros ministros europeos. Por ejemplo, Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, censuró el ataque a Irán de Estados Unidos e Israel, por no respetar el derecho internacional, pero a continuación ordenó que el buque insignia de la Armada francesa, un portaaviones de propulsión nuclear, se dirigiera a la zona para colaborar. Por una sola razón, porque la crítica a Donald Trump no podía llevarlo a estar del lado del ayatolá asesinado: "La historia nunca llora a los verdugos de sus pueblos. No se echará de menos a ninguno", dice Macron.

También podemos fijarnos en Alemania, que igualmente ha desaprobado la intervención, pero al instante acudió a la Casa Blanca a reunirse con Trump. O en Portugal: el ministro de Exteriores, que es del Partido Socialdemócrata, Paulo Rangel, dejó claro que Portugal "no está envuelta en este conflicto" pero, a continuación, ofreció a Estados Unidos sus bases en las Azores, ya que España les había negado las de Rota y Morón. Todos ellos, si calcamos las palabras de Pedro Sánchez, se comportan como "siervos de Donald Trump", pero sabemos bien que simplemente ponderan el interés de sus países y la relación como aliados. Saben que el rechazo de Donald Trump no puede llevarlos a un enfrentamiento con los Estados Unidos.

Pero ni siquiera es necesario darle muchas vueltas; es evidente que nada de lo anterior se sostiene por la simple razón de que Pedro Sánchez no actúa así en defensa de la legalidad internacional, de la misma forma que en Gaza no le movía sólo la masacre de palestinos. Un defensor de los derechos humanos no va eligiendo las causas como quien deshoja una margarita, ‘esta sí, esta no’. Más cerca de España, como dos mil kilómetros más cerca que Irán, está Sudán, sometida a un terrible genocidio desde 2023, con millones de desplazados. Hace dos años, un nutrido grupo de sudaneses intentó saltar la valla de Melilla, buscando refugio en España, y la Policía marroquí reprimió salvajemente el intento. Oficialmente, se reconocieron una veintena de muertos, aunque no aparecieron nunca los cadáveres de otros setenta desaparecidos. "Bien resuelto", dijo entonces Pedro Sánchez cuando se le preguntó por la actuación de Marruecos.

Nadie habrá oído que el presidente del Gobierno español se haya preocupado por la vulneración de los derechos humanos en Marruecos, en China o en Venezuela, que son sus grandes referencias internacionales. Tampoco se ha interesado nunca por los de los habitantes de Arabia Saudí; todavía habrá quien recuerde el saludo reverencial de Sánchez, inclinando la cabeza, ante el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman. Es verdad que las denuncias de Amnistía Internacional por la represión de hombres y, sobre todo, de mujeres de Arabia Saudí se ignoran cínicamente en Occidente, pero, al menos, los demás Gobiernos no intentan dar lecciones de paz cuando se producen conflictos internacionales como el que ha estallado en Irán. Nadie es tan frívolo como para convertir una guerra en un eslogan electoral.

La sospecha de que el líder del PSOE ha comenzado su campaña electoral la encontramos en la sucesión de acontecimientos que se vienen produciendo, semana tras semana. En el último mes, por ejemplo, el Gobierno de Sánchez ha aprobado la regularización de inmigrantes, la subida unilateral del salario mínimo interprofesional, un plan de viviendas de 23.000 millones de euros, la desclasificación de los papeles del 23-F y la revalorización de las pensiones. Y ahora el cartel del ‘No a la Guerra’, que el PSOE tenía preparado para colocarlo en las redes sociales nada más finalizar el discurso institucional de ayer.

Dicho de otra forma, el presidente Sánchez está sembrando de certidumbre un rumor extendido: que pretende hacer coincidir las elecciones andaluzas de junio con las catalanas y con las generales. Si analizamos todos los detalles de esa posible triple cita electoral, un ‘superdomingo’, como podría llamarse, veremos que es la tesis que más conviene al PSOE, aunque otra cosa distinta es que el líder socialista considere que es también lo que le conviene a él. Y todas las decisiones en el Partido Socialista obedecen a ese único interés. De modo que, con la salvedad de que la mente de Pedro Sánchez es inescrutable, repasemos la lista de ventajas para el PSOE del adelanto electoral de Cataluña y de las generales para hacerlas coincidir con las andaluzas de junio, sin fecha concreta aún: en torno al 19 de junio, "semana arriba o semana abajo", según el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno.

En el caso de Andalucía, lo que está demostrado es que la movilización del electorado de izquierda es mayor en unas elecciones generales, por la agitación polarizadora que logra imprimirle Pedro Sánchez. Lo que ocurrió en 2022 y 2023 fue significativo: primero convocó Juanma Moreno las elecciones andaluzas y el PSOE obtuvo en esta comunidad 888.325 votos, pero cuando un año más tarde lo hizo Pedro Sánchez, los socialistas andaluces obtuvieron 1.459.264 votos.

En Cataluña, el presidente Illa es quien ha dejado claro que, si Esquerra Republicana no aprueba los presupuestos, está dispuesto a adelantar elecciones. Y se ha dado como plazo tope finales de marzo: tengamos en cuenta que en Andalucía las elecciones se convocarán en abril. Para Pedro Sánchez, que de nuevo busca un revulsivo de movilización electoral, conseguirlo en dos comunidades fundamentales para el PSOE, por el número de escaños que se disputan (48 en Cataluña y 61 en Andalucía), es lo que acabaría de cuadrar la hipótesis. Pero ya está dicho, teóricamente ese ‘superdomingo’ es el que le conviene al PSOE, pero estamos hablando de Pedro Sánchez. Que es distinto.


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