Rufián, el vendedor de crecepelos: radiografía de un timo electoral
Los integrantes de la galaxia sanchista han descubierto que la geología electoral se les ha vuelto adversa y que, todos amontonados, siguen estando muy lejos de la suma de la derecha. La sociedad española ha virado en sus preferencias y temores: hoy dan más miedo otros cuatro años de Sánchez en la Moncloa con sus socios destituyentes que un Gobierno de Feijóo apoyado por Vox. La pulsión de cambio es más potente que la de continuidad. Ya lo era en 2023, pero a Sánchez se le apareció la virgen y Feijóo tiró a la grada un balón a portería vacía. Eso no se repetirá.
Podrían los autodenominados progresistas trabajar políticamente para tratar de invertir esa corriente de opinión, pero se ve que no se sienten capaces de ello. Les faltan ideas y, sobre todo, crédito en la sociedad. Así que andan a la búsqueda de fórmulas milagreras de ingeniería electoral que les permitan disimular el estrago. Puestos a sustituir el liderazgo por la hechicería, nadie como Gabriel Rufián, antiguo payaso parlamentario del separatismo hoy travestido en paladín de la izquierda carpetovetónica.
No es la primera vez. En el año 2000, el PSOE vio los ojos de la muerte y pensó: en 35 provincias los comunistas jamás han sacado un escaño, fueron votos perdidos. Si los convencemos de que no se presenten a cambio de algún puesto de salida en nuestras listas, quizá salvemos la cara. Los de IU los mandaron a paseo, pero aceptaron compartir algunas candidaturas residuales en el Senado. La respuesta social fue una gigantesca abstención de castigo en el espacio de la izquierda y una mayoría absoluta para Aznar superior a la esperada.
En 2015, Podemos tuvo 5,2 millones de votos e IU 900.000. La suma de ambos superaba ampliamente los 5,5........
