Ojalá fuera posible un Comité Federal del PSOE como el de 2016
Mucho se ha hablado y escrito estos días sobre el valioso documento audiovisual difundido por The Objective gracias al buen trabajo de Ketty Garat, con las imágenes y el sonido de aquel Comité Federal del PSOE del 1 de octubre de 2016 que se recuerda con vergüenza y horror, escondido bajo siete llaves durante una década.
El documento aporta la fuerza de la imagen y el sonido de un episodio sobradamente conocido. Lo que sucedió fuera, en la calle Ferraz, lo vio toda España en directo: es difícil olvidar la violencia de las escenas, con un cordón policial separando a unos socialistas de otros para evitar que se mataran. Lo que sucedió dentro se ha contado mil veces: allí había cerca de 300 dirigentes del PSOE que salieron hablando por los codos y no han parado hasta hoy (aunque en voz baja por si escucha la autoridad). Comprendo el impacto visual, pero a estas alturas no hay espacio para la sorpresa.
No obstante, mi propósito es reivindicar aquella jornada. No por la ejemplaridad de los comportamientos (efectivamente nauseabundos), sino porque aquel fue el último acto democrático que se recuerda en el PSOE; la última señal de vitalidad que emitió ese partido antes de la taxidermia. Aun con la repugnancia por aquel vómito de un organismo ya entonces infectado por el virus del cisma, prefiero un colectivo humano en el que pueda suceder algo así que una autocracia vertical sobre un rebaño sumiso que deglute sin rechistar cualquier bazofia que se le suministre.
En el PSOE actual resulta metafísicamente imposible imaginar una reunión como aquella, y eso es lo peor que le sucede. De hecho, es impensable un debate que merezca tal nombre: con posiciones encontradas, con pasión, con consciencia de la responsabilidad........
