Mafias y corrupciones: lo que España tiene que aprender de la vieja Italia
La demolición incontrolada de la Democracia Cristiana italiana (DC) en los años 90 del siglo pasado es, probablemente, el episodio más simbólico del derrumbe de una forma de hacer política en la Europa de la segunda mitad del siglo XX. La Democracia Cristiana, como se sabe, gobernó Italia durante casi medio siglo, siempre apoyándose en gobiernos de coalición gracias a los pactos con partidos pequeños, aunque con gran capacidad de influencia debido a que eran necesarios para alcanzar una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar.
Su demolición, también como es conocido, vino de la mano de un grupo de fiscales y magistrados empeñados en derrotar un complejo sistema de corrupción política que llegó a amenazar, incluso, a la propia democracia. Por entonces, las conexiones con la corrupción afectaron a todos los niveles de la arquitectura institucional del país: jueces, fiscales, policías, ejército y, por supuesto, a buena parte del sistema político, incluido el Vaticano.
Habrá quien quiera encontrar paralelismos entre aquella Italia de los 80 y 90 y la España actual, pero no los hay, pese a la insultante manía de llamar mafia a lo que no lo es. Una cosa son los casos concretos de presunta corrupción —deplorable— y otra muy distinta es la existencia de un sistema generalizado emparentado con la criminalidad organizada, como era la mafia.
La aclaración puede parecer innecesaria en estos tiempos de excesos verbales, pero es útil porque ilustra la degradación de las palabras en aras de lograr determinados fines de marketing político. Sucede lo mismo con otras múltiples expresiones —el bochorno de las sesiones de control en el Congreso y el Senado es homérico— que sólo denigran a quienes las expresan sin el más........
