Algo pasó en Barcelona hace 50 años que la democracia no ha reconocido
Fue Marcelino Camacho quien, durante los años 80, todavía con la Constitución caliente, puso en circulación una frase que a la postre se hizo célebre en el mundo laboral. “Los trabajadores”, solía decir el líder de CCOO, "seguimos siendo el pariente pobre de la democracia". Se refería a que el sacrificio que hicieron desde el tajo o desde las fábricas miles y miles de asalariados en aras de derribar la dictadura con huelgas y movilizaciones —muchas veces castigados con despidos o con represalias que acabaron por dilapidar sus carreras laborales— nunca fue reconocido por la Constitución.
Es probable que debido a que en aquel tiempo lo urgente era transformar el sistema político con el objetivo de pasar de una dictadura a la democracia. Algo que puede explicar que la Constitución, más allá de algunas menciones de carácter general, prestara escasa atención al mundo del trabajo, en particular a la protección de los sindicatos como instrumento de participación de los asalariados, tanto en la cosa pública como en los centros de trabajo privados.
El artículo 131, por ejemplo, obliga al Gobierno de turno a contar con los sindicatos en lo que denomina ‘proyectos de planificación’, pero sin decir cómo y en qué contexto. El Consejo Económico y Social (CES) nació con esa filosofía, pero lo cierto es que está a años luz de cumplir algún papel relevante. Justo lo contrario de lo que sucedió en la mayoría de las constituciones europeas posteriores a la II Guerra Mundial, que incorporaron la representación sindical —en algunas, incluso, se instauró la cogestión en los centros de trabajo— como uno de los instrumentos esenciales para articular la democracia liberal, que como se sabe, es de carácter representativo. En aquellos años, aunque hoy se ha olvidado, incluso la negociación colectiva formaba parte del pacto social posterior a 1945, cuando la alianza entre el trabajo y el capital hizo posible el mayor progreso económico de Europa en siglos. Precisamente, por la articulación de un crecimiento inclusivo que benefició a todos y no solo a unos pocos.
Una lectura elitista de la Transición
Hay razones para pensar que detrás de este olvido, por llamarlo de alguna manera, se encuentra una lectura un tanto elitista de la Transición, como han........
