Nadie sabe de qué va la nueva de Almodóvar
Todavía no me he enterado de qué va la nueva película de Pedro Almodóvar. Esto se debe a que el director ha estado varios días promocionándola. Amarga navidad, que así se llama el filme, se ha estrenado con más misterio que Torrente, presidente, pues nadie podría decir si la nueva de Almodóvar aborda la figura de Papá Noel o un conflicto entre los Reyes Magos o el sabor consecutivo de las doce uvas. Él no ha dado ninguna pista. Ha dicho, para promocionarla, que la gala de los Oscar “está poniendo en riesgo el equilibrio internacional”.
Como saben, la gala de los Oscar puso en riesgo el equilibrio geopolítico mundial porque sólo Javier Bardem llevó un cartelito de No a la guerra. Bardem no puso en riesgo el equilibrio internacional con su cartelito, eso es verdad. Almodóvar está muy orgulloso de su amigo Javier por decir lo que nadie dice en una gala de los oscars. “El artista tiene que posicionarse”, ha dicho Pedro. Su tesis es que, como somos famosos, si denunciamos las injusticias del mundo la gente conocerá las injusticias del mundo y habrá una mayor conciencia de la injusticia en el mundo. La gente no se entera de qué guerra hay si no se lo dice un actor vestido de Gucci desde una gala de premios.
La gala de los Oscar fue muy entretenida. Sin embargo, la gala de los Goya fue un coñazo. En la gala de los Goya todos o casi todos se comportaron como Javier Bardem, lo que debe llevarnos a pensar en la suerte que tuvo el actor de poder distinguirse moralmente en la gala celebrada en el teatro Kodak. Le dejaron todo el campo libre para llamar la atención. Quizá por eso estaba tan contento y pimpante y sonreía sin parar denunciando injusticias mundiales. Fue una gran noche para Javier Bardem entre alegatos gazatíes y champán Piper-Heidsieck Cuvée Brut.
Sin embargo, Javier Bardem no va a la boda de su mejor amigo con un cartelito que diga No a la guerra. Seguramente tampoco en los entierros de gente famosa llevaría ese cartelito. En las últimas semanas, diversos profesionales célebres han fallecido, y nadie ha ido al velatorio (donde son entrevistados a la salida por la prensa) con el cartelito o la chapa o la prédica del No a la guerra. Curiosamente, visibilizar un conflicto o una injusticia no se hace con un famoso de cuerpo presente o en una boda; o en una orgía. Imaginen una orgía de esas de Hollywood, con veinte o cuarenta bellos actores teniendo sexo unos con otros, y que, de pronto, uno de ellos, en medio de los orgasmos y de los gemidos, levantara un cartel que dijera: “No a la guerra”. Sería un poco cortarrollos.
Esto nos indica que hay ocasiones en las que tus opiniones superficiales sobre temas muy serios no son bienvenidas. La gala de los Oscar ha considerado que no hace bien a la industria convertir tres horas de celebración cinematográfica en tres horas de propaganda moralista. En la gala se dan premios y se disfruta del curso artístico terminado, y luego se acude a fiestas con tu mejor vestido. En los periódicos se hacen carruseles con las imágenes de todos los vestidos de las actrices, que son muy bonitos y muy caros, y a los que una chapita o un cartelito estropearían fatalmente sus delicados patrones. Entonces hay que ser muy aguafiestas para hablar de niños muertos y de ciudades destruidas cuando tus compañeros han estado tres horas aviándose para los Oscar y sueñan con llevarse uno a su mansión.
A veces voy en el metro y alguien lleva la música en alto en su móvil. Por lo que sea, en cada vagón suele haber sólo una persona que escucha música en alto. Puede ser incluso una música bonita, una canción animada o una melodía agradable. Sin embargo, siempre pienso en sacar mi propio móvil y poner yo mi música, para que suene al mismo tiempo que la del otro pasajero. Imagino incluso que todos los pasajeros del vagón, que suelen ser más de treinta y hasta pueden ser casi cincuenta, sacáramos simultáneamente nuestros terminales y entráramos en Spotify o YouTube y pusiéramos en alto una canción que nos gusta. Entonces el vagón sería un infierno.
Si en la gala de los Oscar todos los actores y presentadores llevaran cartelitos con mensajes políticos sería una turra; o sea, los Goya
El tipo que pone su canción para que todos la escuchemos cree que su canción es bonita. Lo que no entiende es cómo ayuda a que suene bonita el hecho de que nadie más haya puesto una canción en alto en el móvil. También beneficia su viaje musical que pocos pasajeros se atrevan a afear esa falta de decoro que supone obligar a decenas de personas a escuchar lo que a ti te da la gana en el transporte público.
Entonces tenemos que imaginar que en la gala de los Oscar todos los actores y presentadores de premios llevaran encima cartelitos prendidos con mensajes políticos. La gala sería una turra; o sea, los Goya. Pero tenemos también que imaginar qué pasaría no sólo si todos los actores opinaran sobre conflictos internacionales de los que no tienen ni la menor idea, sino si todos opinaran tan libre e implacablemente que alguien (un James Woods) llevara un cartel que dijera: “¡Viva Trump!”. Y otro, uno que dijera: “Am Yisrael Chai” (“El pueblo de Israel vive”). Y otro: “Viva Cuba libre”.
Un famoso habla de los problemas que cree que tienen la suficiente importancia y prestigio como para asociar su nombre a su denuncia
¿Qué le parecería entonces la gala de los Oscar Almodóvar? Nadie se calla nada y todos denuncian lo que creen una injusticia, y defienden a los que creen oprimidos, y se lo hacen escuchar a sus colegas del cine y a una audiencia de mil millones de personas en todo el mundo. A lo mejor Javier Bardem no sonreiría tanto en esa gala.
Aunque no sabemos de qué trata Amarga Navidad, es muy probable que no trate de la guerra contra Irán, ni de Palestina. Sin embargo, al promocionarla, Almodóvar considera que él tiene que hablar de esos asuntos. Curiosamente, del precio de la vivienda y de los bajos salarios y de la corrupción en España no le apetece hablar. Al final un famoso habla de los problemas que cree que tienen la suficiente importancia y prestigio como para que él se moleste en asociar su nombre a su denuncia. Que la gente no pueda comprarse una casa y formar una familia no da ni para una chapita. Es un problema demasiado pequeño para el ego de un artista de verdad.
