menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La derrota de Meloni y sus amistades peligrosas: lecciones para la derecha española

11 0
24.03.2026

Giorgia Meloni ha sufrido su primera gran derrota en el referéndum de este fin de semana, una derrota relativamente inesperada y que ha generado mucho revuelo en Italia. El país digiere ahora el voto como un plebiscito sobre el gobierno, como ocurrió con el referéndum que tumbó el gobierno de Matteo Renzi en 2016. El comentarista Massimo Gramellini se hacía la pregunta esta mañana en Il Corriere della Sera: “¿Qué habrá pasado en la última semana para inducir a un 10% más de italianos a ir a votar, y a hacerlo de una determinada manera?”. La respuesta se la daba él mismo justo después: lo que ha pasado es sobre todo Donald Trump.

El análisis de Gramellini no es demasiado original. La misma idea se ha venido repitiendo en las últimas horas: de un tiempo a esta parte, la buena relación de Meloni con Trump parece estar siendo corrosiva para sus intereses. Los italianos están masivamente en contra de la guerra de Irán y muchos ven con desagrado la deriva autoritaria que está tomando Estados Unidos. A lomos de esa percepción, la izquierda está logrando movilizar a gente que llevaba tiempo sin votar. Es seguramente una simplificación de todo lo que ha pasado en esta campaña y en los últimos meses, pero es una simplificación convincente.

El referéndum proponía una reforma de la Justicia que obligaba a tocar la Constitución. Era un debate técnico y difícil de explicar. En otro momento no habría despertado pasiones, pero en el contexto actual la narrativa se hace sola. Se trataba, ha repetido la oposición, de una reforma destinada a controlar el poder judicial desde el gobierno, acabar con la independencia de los jueces y dar pasos en la construcción de un estado autoritario… igual que en Estados Unidos.

Solo tres regiones han votado a favor de Meloni, tres de las más ricas del país (Lombardía, Veneto y Friuli). En el resto, ha ganado el “no”, siendo especialmente acusada la tendencia en las grandes ciudades y en el sur. Por grupos demográficos, todos los análisis subrayan el cambio entre los jóvenes, que han acudido a votar mucho más que en anteriores ocasiones. Y un 61 por ciento se han significado en contra.

Aunque la guerra puede haber contribuido a su movilización, la tendencia ya estaba en marcha. Hace tres años, los jóvenes -especialmente el grupo entre 25 y 34 años- se convirtieron en el grupo de edad más proclive a votar por Fratelli d’Italia. Ahora están girando hacia otros partidos, por ejemplo hacia el Partido Verde. Como ocurre en casi todo el mundo occidental, es un voto de descontento, de frustración con la situación, y castiga sistemáticamente a quien está en el poder.

El referéndum italiano deja, en cualquier caso, una lección para toda la derecha europea, también para la española: las amistades peligrosas pueden acabar saliendo caras. La propia Meloni ha tratado de distanciarse en los últimos meses de la Casa Blanca, haciendo equilibrios muy incómodos. Primero intentó presentarse como el puente entre la Unión Europea y Trump; después trató de evitar pronunciarse sobre las decisiones del presidente americano; luego optó por críticas suaves y matizadas; y finalmente ha acabado condenando “las intervenciones unilaterales fuera del marco del derecho internacional”.

La primera ministra italiana ha hecho un largo viaje en estos años desde las posiciones antisistema que la llevaron al poder. Había conseguido ser percibida dentro y fuera de Italia como una aleación casi perfecta entre las nuevas derechas y las derechas tradicionales. Alguien capaz de coger las preocupaciones que ha puesto la derecha populista en el centro del debate —inmigración, guerras culturales, regulación excesiva, etcétera— y ofrecer soluciones de estado sin crear fricciones con la Unión Europea, proponiéndose como alternativa de gestión y solvencia. Esa imagen de orden, claridad y estabilidad que con tanta solvencia interpreta Meloni no es compatible con la que ofrecen algunos de sus compañeros de viaje, especialmente con lo que nos llega desde el otro lado del Atlántico.

Hablando de amistades peligrosas, en quince días se celebran elecciones en Hungría. Los socios de Orbán en Europa —incluyendo por supuesto a Santiago Abascal— han corrido a arropar a un candidato que está acorralado por las encuestas y acusado en Bruselas de haber estado filtrando las negociaciones de la UE a Putin, alineándose con el enemigo en la guerra de Ucrania. El candidato de Fidesz va a hacer todo lo que pueda para mantenerse en el poder y hay muchas dudas sobre su disposición a facilitar una transición limpia si pierde las elecciones. La Unión Europea se prepara para escenarios que van desde una crisis constitucional a un intento de mantenerse en el poder alegando, por ejemplo, una interferencia extranjera en el proceso electoral.


© El Confidencial