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Los posibles monstruos

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30.03.2025

Evito ver películas y series de las que todo el mundo habla. Me gusta verlas después –a veces mucho después– para no contaminarme con las expectativas y opiniones ajenas. Pero con “” –la miniserie británica que es tendencia en Netflix– no he podido esperar. La otra noche me senté a verla sin haber leído mucho respecto de la historia, pero sí al tanto del alarde técnico de su rodaje (sus cuatro capítulos fueron filmados sin cortes de cámara, con planos secuencia). Me zumbé los cuatro episodios de un tirón. Tras la escena final, pasé varios segundos delante de la pantalla viendo los créditos, formulándome preguntas una detrás de otra: ¿cuándo se aprende a ser criminal?, ¿de dónde surge la violencia que llevamos dentro?, ¿puede penetrar tanta oscuridad en el corazón de un niño?, ¿cómo, de qué manera?

Ya era de madrugada cuando me fui a dormir; antes me asomé a la cama de mis hijas. Contemplándolas pensaba: con qué facilidad fallamos los padres. Hacemos........

© El Comercio