“No hay manera que los índices de desarrollo humano mejoren sin crecimiento económico”
Waldo Mendoza, exministro de Economía y Finanzas y vicerrector académico de la PUCP, reconoce que el escenario que enfrenta la economía peruana en la actualidad es uno de mayor incertidumbre: en el frente externo, el conflicto en Medio Oriente persiste; y a nivel interno, la segunda vuelta electoral aún debe definirse. “Los inversionistas que quieren impulsar inversiones de largo aliento esperan, con tranquilidad, que el panorama se aclare”, anota. En esta entrevista, el economista opina sobre los desafíos más inmediatos.
El país creció 3,4% al cierre del 2025. Sin duda, podríamos haber crecido mucho más considerando el contexto internacional. ¿Cuál es su balance sobre lo que nos dejó el año anterior?
Para poner en perspectiva, hay una variable importantísima para nuestras conexiones con el mundo: los términos de intercambio, que explica la relación entre los precios de exportación e importación. Cuando esa variable sube, es bueno para el país; cuando baja, es malo. Esa variable, el año pasado y este año, ha estado en sus niveles más altos desde 1948; desde tiempos de Odría. Es decir, el contexto externo ha estado buenísimo. En un contexto externo no tan bueno como este, pero parecido —el período 2003-2013— la economía peruana creció 6,2% anual y la inversión crecía 13% anual, a pesar de que los términos de intercambio habían subido solamente 5% por año.
Y el precio de las materias primas no era tan elevado como ahora.
No lo estaba. Ahora tenemos términos de intercambio que han subido en 12,5% anual entre el 2023 y el 2026, con los precios del oro y la plata en los cielos, y la inversión solo ha crecido 3% en promedio, y el PBI, en tanto, creció solo 2,5%. El contrafactual es que, si las cosas hubieran estado más o menos ordenadas, podríamos haber crecido a tasas muchísimo más altas que en ese período 2003-2013.
¿A qué cosas hace referencia exactamente? ¿Es un funcionamiento inadecuado del aparato económico, o se debe a los efectos de las constantes crisis políticas que nos han impactado esta última década?
Los países avanzan cuando tienen un buen modelo de desarrollo. Un buen modelo es aquel amigable con el mercado, que además se beneficia de una buena coyuntura internacional —que ha estado buena— y de una gestión pública adecuada. La gestión pública es importantísima, y creo que ese elemento se ha debilitado fuertemente en los últimos años.
¿Se ha menospreciado el valor de la gestión pública?
Se ha depreciado. Los ministros de Economía ya no cumplen el rol que cumplían antes. Los ministros sectoriales tampoco tienen el nivel que se necesita para manejar un país como este. En resumen, la gestión pública se ha “recontra” debilitado y eso explica, en parte, este resultado mediocre en términos de crecimiento económico.
¿Cómo ve las perspectivas para lo que resta de este 2026 en materia económica? ¿Qué tan sujeto está el desempeño al resultado electoral o a los choques internacionales?
Extrañamente, el contexto externo este año sigue buenísimo. Las cifras del primer trimestre indican que los términos de intercambio han subido bastante y las proyecciones del BCR y del MEF dicen que este año los términos de intercambio crecerán alrededor de 10%, que es un montón de crecimiento. Entonces, los vientos a favor todavía los tenemos. Lo que vendrá más adelante no se sabe. En este momento estamos en una etapa de incertidumbre: los inversionistas que quieren impulsar inversiones de largo aliento esperan con tranquilidad que el panorama se aclare para poder invertir. Las inversiones están un poco paralizadas este año.
Anteriormente usted ha advertido sobre el impacto que generan las actividades de economías ilegales y de la criminalidad en el desempeño económico; sobre todo a nivel micro, pero también a nivel macro. ¿Cómo vislumbra ese impacto este año?
Ese es el otro factor, además de la gestión pública, que está debilitando el comportamiento económico. Para invertir, los inversionistas necesitan tasas de rentabilidad altas y poder apropiarse de los frutos de esa rentabilidad. Ahora está pasando que esa “tasa de apropiación” está disminuyendo, tanto en las empresas pequeñas como en las grandes, de tal manera que el incentivo para invertir se está debilitando rápidamente. Entonces, entre una gestión pública deficiente y economías ilegales, con violencia y sicariato presentes, es bien difícil que crezcamos a las tasas a las que solíamos crecer en los buenos tiempos.
¿Ese contexto también explica lo que vemos en las tasas actuales de pobreza: una disminución escueta, que dista aún de los resultados que teníamos antes de la pandemia?
La tasa de pobreza depende básicamente —casi únicamente— del crecimiento económico. Como el crecimiento ha sido modesto, la caída en la pobreza también ha sido modesta. A pesar de que la pobreza ha bajado, no hemos recuperado los niveles de 2019, cuando teníamos alrededor de 20% de pobreza, es decir, una quinta parte de la población. Combatir la pobreza significa crecer. Cuando la economía crece, crece el empleo, crecen los salarios y aumenta el poder de compra de la gente. Cuando la economía crece, las empresas pagan más impuestos y el gobierno cuenta con más recursos para Juntos, Cuna Más, Pensión 65, entre otros programas sociales. El crecimiento económico es la “fábrica” de recursos para hacer buenas políticas; entre ellas, combatir la pobreza.
En los últimos años se ha advertido, también, sobre la creciente inseguridad alimentaria. Un análisis del economista Javier Herrera mostraba que más de cuatro de cada diez limeños están en una situación de déficit calórico al cierre del 2025. ¿Es esto también fruto de una mala gestión pública?
Yo creo que es otro ejemplo de mala gestión pública, porque eso depende básicamente del Midis. El Midis cuenta con recursos suficientes para atacar ese tipo de problemas...
El problema es que no se están usando eficientemente.
Así es. Es la ausencia de una buena gestión pública. Con ministros cambiando, con funcionarios cambiando, no se pueden sacar adelante buenas políticas públicas.
¿Cuál cree usted que es el cambio que se requiere con más urgencia para atacar la pobreza de manera efectiva? ¿Hay algo que se requiera más allá de impulsar el crecimiento económico?
Es, fundamentalmente, el crecimiento económico. Por los factores que he comentado: con un mercado dinámico, los ingresos y gastos aumentan, y por la vía de la recaudación, la política pública tiene la posibilidad de impulsar más acciones —por ejemplo, a través de Juntos, Pensión 65, etcétera—. Son ambas cosas. Ese componente de política pública tiene como soporte los impuestos, y los impuestos tienen como soporte el crecimiento económico. Así que no nos escapamos del crecimiento económico como factor determinante de la pobreza.
¿Pesan, también, la ausencia de políticas de formalización eficientes?
La formalización es un tema mucho mayor. En mi opinión, existe un sector informal porque nuestro país tiene un dualismo: hay un sector moderno, capitalista, con alta productividad, al que le es fácil pagar salarios, EsSalud e impuestos; y hay un sector enorme, con baja productividad, cuyos ingresos no alcanzan para cumplir las normas. Ese sector representa al 60%-70% de la población; es enorme. ¿Cómo han desaparecido históricamente los sectores informales? Con crecimiento rápido del sector moderno. El sector moderno crece y crece, y va absorbiendo trabajadores; entonces, el país se convierte en un país capitalista.
¿Hay sectores ahí que deberían impulsarse con más fuerza?
Obviamente, los sectores........
