“Es una oportunidad para visibilizar las brechas”.
La conmemoración del Día Internacional de la Mujer es una oportunidad para visibilizar las brechas que afectan de manera desproporcionada a niñas, adolescentes y mujeres en el Perú. Las estadísticas oficiales e informes independientes evidencian la persistencia de desigualdades en educación, salud, violencia, con un patrón territorial que concentra las brechas más profundas en ámbitos rurales andinos y amazónicos. Las brechas de género también tienen implicancias económicas, pues afectan dimensiones vinculadas al mercado de trabajo, ingresos y competitividad (Índice Regional de Brechas de Género 2025, IPE).
Minimizar o negar estas brechas es cerrar los ojos ante una realidad injusta y dolorosa que limita el bienestar y autonomía de las mujeres. Examinar las políticas públicas con un enfoque de género contribuye a comprender las desigualdades que afectan a las mujeres y a diseñar soluciones para impulsar la igualdad de oportunidades. Para avanzar en esta ruta, los indicadores y cifras son muy valiosos, pues fortalecen el seguimiento de resultados de las políticas públicas. Sin embargo, ¿qué ocurre con las desigualdades y brechas que no se miden, pero que existen y se viven? Por ejemplo, las generadas por las decisiones de nuestras autoridades. Siguiendo a Thomas R. Dye, podemos entender las políticas públicas como las acciones e inacciones de los gobiernos frente a los problemas públicos.
Este #8M encuentra al Perú en una crisis energética. ¿Cómo responde el gobierno a este problema público? Cerrando un servicio esencial como es la educación e imponiendo clases remotas en Lima y Callao por una semana. Paradójicamente, un marzo de hace seis años el Perú canceló las clases presenciales, encerró a los niños e impulsó el teletrabajo por el COVID-19. El cierre de instituciones educativas fue una medida de excepción que se prolongó innecesariamente. Y desde el 2022, nuestras autoridades han normalizado el uso de los cierres educativos como respuesta a diversos problemas públicos. Las clases remotas se han convertido en un parche para tapar problemas de gobernabilidad y deficiencias de gestión, desde paros de transporte al cierre forzoso por APEC. ¿Quiénes ganan y quiénes pierden con los cierres educativos?
Existe amplia evidencia sobre los impactos negativos de los cierres educativos en los aprendizajes y bienestar de niñas, niños y adolescentes. La comunidad educativa ha vivido en carne propia las consecuencias de las interrupciones recurrentes de la dinámica escolar. Es necesario prestar mayor atención a los impactos generados en las familias. Desde una perspectiva de género: ¿quiénes se encargan del cuidado y la educación remota en los hogares? ¿Qué ocurre con la capacidad de trabajar de las mujeres? La Encuesta Nacional del Uso de Tiempo 2024 evidencia que en el Perú las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
La ligereza con la que nuestras autoridades imponen cierres educativos no solo revela la poca importancia dada a un servicio esencial como la educación, sino un desprecio notorio hacia las mujeres, quienes desde hace seis largos años cargan sobre sus hombros las consecuencias de malas decisiones de política pública. Esta es una brecha que no se mide, pero que existe y se vive.
