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Messi y la Argentina finalista: ¿por qué tiene tanta razón Scaloni cuando dice que “no es arrogancia, es corazón. Somos únicos”?

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16.07.2026

Se llama aura. Un viento suave, que ordena las ideas del equipo en los peores minutos -contra Egipto, versus Inglaterra-; una tormenta feroz que impacta en el rival y lo atemoriza al punto que cracks del tamaño de Kane o Bellingham apenas pueden parar la pelota. Digo equipo y aunque todos saben que me refiero a Argentina, lo explico: si hay una selección que “quiere ganar la Copa de verdad” (Páredes dixit) es Argentina. Están sus números, su invicto, Messi, sus dos remontadas y su fervor ante la adversidad. Si hay un vínculo real, afectivo, histórico con alguno de los 4 semifinalistas del Mundial es con Argentina. Y si existe alguna forma de identidad a la cual adhiero, para ganar o para perder, es esta: voltear un partido clásico así, que es fútbol pero también geopolítica, y no cualquier clásico. Así o nada. A los inventores del fútbol mostrándoles cómo se juega hoy al fútbol. En los últimos minutos, atropellando, aguantando. Confundiendo a las tribunas sobre su empapada camiseta, si las gotas que caen de sus pechos son por un diluvio o es el sudor.

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© El Comercio