El centro político en América Latina, poderes intermitentes y opacidad cíclica
El centro político en América Latina, poderes intermitentes y opacidad cíclica
Alberto Ramos Garbiras
Todas las tendencias fueron y son el desprendimiento del bipartidismo; son extrapolaciones del bipartidismo. Se pueden ver como transitorias o embriones de nuevos partidos.
Otra cosa es el pluripartidismo que se estampó en la Constitución de 1991, y hemos visto cómo en estos 35 años. Otra cosa es el multipartidismo exagerado o polipartidismo, como lo observamos en el caso de Perú 2026.
El 12 de abril se inscribieron 35 candidatos para la Presidencia de la República. Aparecen partidos políticos pequeños de ocasión que no tienen perspectiva; son partidos marginales, son inútiles, partidos bisagra.
La polarización y el pluripartidismo, estos partidos que no se hallan en uno u otro extremo, quedan deambulando, gravitando, en cese; se aglutinan de pegas en la derecha extrema o comienzan a circular alrededor de la izquierda para lograr algo marginal que no los deje cesantes.
Esos partidos quedan excluidos; sus líderes buscan desde afuera adherirse al sector ganador, recibir beneficios contractuales y tener un pequeño poder.
O, si son de las regiones o de su localidad, la matriz. Los vínculos los hacen con un gobernador conectado con el poder.
Giovanni Sartori, en su obra ¿Qué es la democracia?, nos dice cómo el pluralismo fue descubrir y entender que la disidencia, la diversidad de opiniones y el contraste no son enemigos de un orden político social.
La génesis de las democracias liberales está en el principio de que la diferenciación, y no la uniformidad, constituye la levadura y el más vital alimento para la convivencia.
El Centro Político que enarbola Fajardo desde el centroderecha u otros flancos; el de Claudia López, que se bambolea entre su supuesto progresismo, el centroizquierda y una marginalidad de los partidos políticos con estructuras, denotan ellos la suprema credibilidad en las instituciones y en la creencia de que la separación de poderes que tiene Colombia.
Allí se equivocan ellos, porque todo el sistema está alterado y funciona para élites que perviven detrás de las tres ramas del poder.
Los poderes regionales (departamentos) y la correa o polea con el centralismo y los vicios anquilosados del bipartidismo atomizado, supérstite e incrustado dentro de los partidos políticos decimonónicos.
William Ospina, en una reciente columna de El Espectador, dijo: “Por lo menos Sergio Fajardo no es un cruzado del odio, sabe más que los otros cómo administrar, tiene para mostrar avances notables de modernidad en la segunda ciudad del país, y está dispuesto a enfrentar los desafíos sin cobrar agravios del pasado. Y si hasta ahora lo ha borrado el estruendo de los otros, su serenidad será cada vez más necesaria. Porque el que gane en esta polarización va a tener medio país en contra cuatro años más, y al final estaremos oyendo de nuevo a los mismos bandos rencorosos llamando otra vez a la venganza. Pero alguien tiene que pensar más en la grandeza del país que en los miserables odios de aldea; más en lo que hay que construir que en todo lo que dejaron las guerras y los años, los partidos y sus rabiosos discursos”.
La primera afirma que el sistema francés está organizado de........
