menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El Quimbo, Justicia para el Territorio

8 0
05.03.2026

Por: Oscar Eduardo Trujillo Cuenca

oscartrujillo79@gmail.com

«El progreso verdadero ocurre cuando el territorio también prospera.»

El Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo representa uno de los proyectos de infraestructura energética más importantes de Colombia en las últimas décadas; hoy aporta cerca del 8 % de la energía del país y se convirtió en una pieza clave para la seguridad energética nacional.

Pero también es cierto que su construcción dejó huellas profundas en el territorio, El Quimbo representa uno de los mayores cambios territoriales que ha vivido el departamento en su historia reciente; la construcción del embalse implicó la inundación de aproximadamente 8.500 hectáreas, de las cuales cerca de 5.200 hectáreas (hoy en día en revisión) correspondían a suelos con alto potencial agrícola, muchos de ellos de los más productivos del valle del río Magdalena en el departamento; estas tierras sostenían históricamente actividades agropecuarias, sistemas productivos campesinos y dinámicas económicas locales que generaban empleo, alimentos y desarrollo rural.

El proyecto impactó directamente a municipios como Gigante, Garzón, El Agrado, Paicol, Tesalia y Altamira, alterando no solo el uso del suelo sino también la estructura socioeconómica de amplias comunidades rurales, en términos territoriales, El Quimbo no solo transformó el paisaje, también modificó profundamente los sistemas productivos del centro del Huila.

La pregunta que hoy debemos hacernos no es si la hidroeléctrica debía o no construirse, ese debate pertenece al pasado, la verdadera discusión del presente es otra, ¿ha recibido el territorio el resarcimiento que corresponde por los impactos que asumió en nombre del desarrollo energético nacional?

Por eso hoy la discusión ya no gira únicamente alrededor de las compensaciones iniciales; el debate actual debe centrarse en algo más profundo, en los impactos sobrevinientes y los lucros cesantes que aún persisten en el territorio.

El Huila aportó territorio, biodiversidad, producción agrícola y tejido social para que el país tuviera energía, por eso es legítimo que hoy el departamento exija con firmeza y responsabilidad que se cumplan plenamente los compromisos de compensación, inversión social y desarrollo productivo derivados del proyecto.

Los impactos sobrevinientes son aquellos efectos que continúan manifestándose años después de la entrada en operación del proyecto, como cambios en los suelos, alteraciones en las dinámicas hídricas, transformación de las actividades agrícolas tradicionales, pérdida de capacidad productiva en ciertas zonas y ajustes económicos en comunidades que dependían directamente de la tierra y del río.

A esto se suman los lucros cesantes, es decir, los ingresos que dejaron de percibir familias, productores y economías locales como consecuencia de la desaparición o transformación de actividades productivas que históricamente se desarrollaban en las áreas inundadas.

En otras palabras, no se trata únicamente de lo que se perdió físicamente bajo el agua, sino también de lo que el territorio dejó de producir, de generar y de proyectar hacia el futuro; por esta razón cobra especial relevancia el proceso que actualmente se adelanta para la actualización de los términos de referencia asociados al proyecto, liderado por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales – ANLA, y en el cual el departamento del Huila, junto al Ministerio de Agricultura, la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena – CAM y los municipios afectados han venido presentando aportes técnicos.

Desde la institucionalidad regional se han formulado recomendaciones que buscan fortalecer la evaluación de aspectos clave como los suelos, los usos del territorio, la hidrogeología, la producción agrícola, la actividad pesquera y piscícola, así como la evaluación económica ambiental y los programas de restablecimiento productivo y de monitoreo.

Estos elementos no son simples formalidades técnicas, son herramientas fundamentales para comprender de manera integral los impactos territoriales y garantizar que las medidas de compensación y restauración respondan realmente a las necesidades de las comunidades.

El Huila ha sido históricamente un territorio generador de riqueza para el país, producimos café, cacao, arroz, frutas, panela, piscicultura y ahora también energía, pero el desarrollo nacional solo es sostenible cuando se construye con equidad territorial.

El reto hacia adelante no es reabrir discusiones del pasado, el verdadero desafío es convertir el presente en una oportunidad para cerrar brechas, reconocer impactos y garantizar que el desarrollo energético del país también se traduzca en desarrollo regional, donde el campo, el turismo, la agroindustria y las comunidades puedan encontrar nuevas oportunidades.

La historia de El Quimbo aún se está escribiendo y el capítulo que viene debe ser el de la justicia territorial, la responsabilidad empresarial y el desarrollo sostenible para las comunidades que hicieron posible este proyecto.


© Diario del Huila